El sueño de Nate

Nate abrió los ojos, estaba sentado en el viejo sillón en la sala de la casa de su abuela. Su mente tardó unos instantes en comprender quién era y en dónde se encontraba.


-Era solo un sueño-. Exclamó.


Hacía apenas unos meses que había cumplido cuarenta años, el mismo día que le llamaron para decirle que Nancy, su madre, había fallecido, con lo cual se convertía en único heredero de las posesiones de ella, incluyendo la casa de la abuela. Aunque su madre no murió en esa casa, de hecho Nancy llevaba varios años viviendo en un lujoso asilo de ancianos en Galveston, donde hasta hacía poco tiempo, él rara vez la visitaba. No era un mal hijo, pero su trabajo era muy demandante y necesario para poder pagar la renta de su departamento en el centro de Houston. Además su esposa se molestaba mucho cuando Nate visitaba a su madre. Suegra y nuera sentían un desagrado mutuo desde el día en que se conocieron, pero aunque su madre era más discreta y no hacía mención de ello a Nate, Rosie su mujer no tenía el menor empacho en expresar lo mucho que odiaba a Nancy. Este odio de Rosie hacia su suegra se acrecentó cuando la abuela de Nate murió dejando su enorme casa con varios acres frente a la playa y un jugoso fideicomiso a nombre de su hija Nancy. Al principio Rosie estaba feliz, sugirió a Nate hablar con su madre y pedirle que vendiera la casa, con el valor actual de los bienes raíces y la ubicación de semejante mansión -cerca de los mejores hoteles- seguramente valdría una fortuna, incluso Rosie comenzó a contactar por internet a varios agentes inmobiliarios quienes mostraron un gran interés en hacer una cita con la familia. Nate por su parte prefería acondicionar la residencia y convertirla en un hostal de alta categoría, aprovechando los hermosos muebles que la abuela había coleccionado durante su vida. Con una pequeña inversión se podría lograr hacer un muy buen negocio con los turistas que buscan el lado más histórico en sus viajes.


En cualquier caso, se necesitaba el visto bueno de su madre, así que unas semanas después del funeral de la abuela, Nate fue a hablar con ella para proponerle el proyecto. Pero Nancy se negó rotundamente a cualquiera de las opciones que Nate le mencionó.


-¿Está Rosie detrás de esto?- preguntó Nancy -Dile a tu mujer que jamás verá un solo centavo de mi parte, y… Nate, te amo hijo y sé que tus intenciones son buenas, pero mientras estés casado con ella y yo esté viva, tú tampoco obtendrás dinero de mí.


Hasta cierto punto Nate comprendía a su madre, sabía que Rosie jamás tuvo un gesto de amabilidad hacia Nancy, incluso un par de veces llegó a hacer comentarios bastante groseros, como la navidad en la que Rosie bebió de más y le dijo a su suegra en su cara y frente a algunos familiares y amigos que era una corriente hija de inmigrantes ilegales y que si Nate esperaba que ella le diera hijos, más le valía apagar su lado mexicano pues no quería tener bebes de piel morena como Nancy.


Rosie no era la persona más agradable, sin embargo, Nate la amaba y sentía que su deber como esposo era estar del lado de su mujer.


Cuando le comentó a su esposa lo que su madre había dicho, Rosie se puso furiosa, arrojó un refractario de vidrio al suelo del apartamento el cual se hizo añicos con un estridente ruido que a Nate se le antojó más agradable que los gritos de su mujer. Rosie estuvo gritando por horas, Nate trataba de calmarla pero esto solo lograba que ella se enfureciera y gritara con más rabia. Tanto escándalo armó que una vecina llamó a la policía, quienes después de amonestar a la mujer diciéndole que su ruido estaba importunando a los vecinos, lograron calmarla. Al marcharse los oficiales, Nate notó algo en su mujer, su rostro se endureció y desde ese momento comenzó a tratarlo con desprecio y a pesar de que él intentó subsanar las molestias de Rosie de muchas maneras, el rencor de su mujer hacia él y su madre sólo empeoró, su matrimonio se agrió sin remedio y él se refugió en su trabajo.

Pasaron algunos años, él ocasionalmente visitaba a su madre, con lo que sentía que, aunque molestaba a Rosie, al menos le daba su espacio, y para él, era un respiro del tedioso malestar de estar encerrado con una mujer que casi ni le dirigía la palabra.


Un lunes por la mañana, mientras trataba de concretar una venta con un cliente por teléfono, un hombre entró en su oficina y le entregó una notificación de divorcio. Se quedó sentado viendo los papeles sin leerlos, no era necesario. Algunos minutos después recibió varios mensajes de Rosie diciendo:


No regreses hasta el miércoles para poder sacar mis pertenencias del departamento

Vete con tu madre hasta entonces

Seguramente en ese asilo tan caro que paga tendrán un sofá para los visitantes

No me llames pues no contestaré


Nate obedeció, no volvió el miércoles. De hecho lo hizo hasta el domingo cuando después de pasar varias agradables tardes con su madre, recobró los ánimos.


En todos los años desde el fallecimiento de su abuela, Nate no se había sentido tan libre y tan feliz como después de esos días que pasó en la casa de ancianos, era como si volviera a ser un niño. Su madre lo acompañó al centro comercial donde le compró ropa y cosas necesarias para que no tuviera que regresar por sus pertenencias al departamento hasta que su mente se hubiera relajado. Lo obligó a pedir varios días de vacaciones en el trabajo y pasaron una muy buena semana juntos. El domingo vació el departamento que tantos años compartió con su esposa, lo hizo de manera mecánica, sin sentimientos encontrados. A donde volteaba sólo recordaba amargura y resentimiento, así que lo que Nate quería era acabar lo más pronto posible con dicha tarea.


Llevó sus pertenencias a un pequeño pero lujoso apartamento en League City, su madre pagó por adelantado la renta de un año y le dijo que no se preocupara por el dinero, que arreglara su divorcio y que rehiciera su vida.


Y así lo hizo, su nuevo departamento estaba prácticamente a medio camino entre su trabajo y el asilo de ancianos, así que las visitas fueron más frecuentes.


Nancy le sugería con frecuencia que buscara una nueva pareja, incluso le regaló un nuevo Smartphone y lo obligó a descargar Tinder, lo cual hizo a regañadientes. En su interior lo que a Nate le preocupaba era encontrarse a Rosie en Tinder y darse cuenta que aún tenía sentimientos por ella. Lo cual sucedió varias semanas después, cuando fue a firmar los papeles deldivorcio. Rosie bajó de un sedán negro muy lustroso, al verla no pudo reprimir un sentimiento de coraje, ella se veía muy bien, siempre fue muy guapa y ahora que no estaban juntos sintió desasosiego. Del lado del piloto un tipo alto y atlético se apeó del vehículo. Nate lo había visto, era el maestro de literatura de Rosie, Nate siempre pensó que el tipo flirteaba con su esposa pero dadas las diferencias físicas entre ambos hombres hubiera sido insensato retarlo. Ahora Nate se sentía como un pequeño sapo que había perdido a la princesa a manos de un verdadero príncipe.


-Hola, Nate- dijo Rosie con frialdad mientras el maestro de literatura la sostenía de la cintura –mira, siento mucho la manera en que esto pasó, hubiera querido hacerlo de otra forma pero te agradezco que hayas comprendido.


-Te felicito, Nate, por tu caballerosidad y por tu manera de comportarte frente a esta situación- le dijo el maestro-. Espero que entiendas que lo que hay entre Rosie y yo es circunstancial y nada tiene que ver contigo.


Nate tosió de forma nerviosa, se sentía tan insignificante en ese momento, debió haberse dado cuenta, ¿de qué otra manera Rosie había logrado sobrellevar varios años con una persona por la que ella solo sentía amargura? Seguramente el romance entre ellos llevaba mucho tiempo, cuando Rosie le decía que pasaría la noche con las chicas preparando un seminario o que realizarían un viaje de estudios, con quien en realidad pasaba el tiempo era con Don Señor Maestro. Nate procuró quitarse del camino pues creía que si le daba espacio Rosie eventualmente estaría bien, pero lo que hizo fue dejar que se la robaran sin dar la mas mínima pelea. Típico de él, no tenía carácter, nunca lo había tenido, por eso a sus casi cuarenta volvía a vivir bajo las alas de su madre. Al menos iba bien vestido a la cita de divorcio, con un buen traje que su madre le acababa de comprar.


-¿Estás bien?- preguntó Rosie.


-Sí- contestó Nate-. Sólo que me di cuenta que volví a ser un sapo.


Pero Rosie ya no escuchó esto último, el abogado les había hecho una seña para que entraran a la oficina y el maestro de literatura apresuraba a Rosie empujándola levemente con su enorme mano rozándole la espalda baja. Nate se quedó unos segundos rezagado, notó que Rosie se veía muy bien en ese vestido apretado, al abrirle la puerta para que entrara, el maestro dio una ligera palmada en las nalgas de la mujer y sonrió sardónicamente a Nate.


Luego del “divorcio amigable” Nate entró en un bar y bebió hasta emborracharse. Regresó conduciendo con sumo cuidado hacia su departamento pero para su mala suerte un policía lo detuvo unas calles antes de llegar. El oficial le preguntó cuánto había bebido y Nate tuvo un ataque de risa y luego comenzó a llorar. Evidentemente estaba ebrio y el oficial lo arrestó. Se lo llevaron detenido y lo ficharon, Nate no recordó nada de eso ya que estaba tan cansado que se quedó dormido en la patrulla y lo tuvieron que llevar a rastras a una celda donde durmió hasta la mañana siguiente.


Su madre pagó la fianza pero aún así tuvo que ir a la corte y le retiraron la licencia de conducir, además de que lo obligaron a tomar un curso de responsabilidad para conductores y el juez lo sentenció a treinta horas de servicio comunitario.


Al poco tiempo y por sugerencia de su madre a quien visitaba casi cada tarde, Nate retomó la serenidad y decidió darle una oportunidad a Tinder.


Aunque se dio cuenta de que la efectividad de la famosa aplicación era menor a la que él había creído, Nancy le sugería hacer cambios en su perfil y tomarse fotos mejores, pero aún así sólo logró hacer un par de “matches” y en ambos casos las chicas perdieron interés al poco tiempo de haber comenzado a conversar con él.


Por esos días Nancy le informó que le habían diagnosticado un cáncer y que el doctor pronosticaba que le quedaba poco tiempo de vida; le hizo prometer que él no dejaría que eso interfiriera con sus planes, que no dejaría su trabajo y que no la vería con lástima.


Así lo hizo, Nate trataba de alejar de su mente cualquier idea triste respecto a su madre e intentó darle los mejores momentos cada vez que la visitaba, la paseaba por la playa en su silla de ruedas, la llevaba a obras de teatro y hasta le inventaba falsas historias de chicas con las que había conversado por Tinder o en algún bar para solteros.


Incluso Nate trató de tocar un tema que siempre fue tabú en su familia, la identidad de su padre. Pero Nancy fue muy firme:


-Nate, deja de vivir en el pasado, yo misma no recuerdo mucho de tu padre, se fue y nunca regresó, yo pronto me iré también y deberás dejarme atrás. Cuando esto haya pasado tendrás una herencia nada despreciable y debes prometerme que comenzarás tu vida de cero, sin buscar en los cajones del olvido, piensa en el futuro y, sobre todo, deja de recordar tu matrimonio que como el mío fue un fracaso. Debes aceptarlo.


El cáncer acabó muy rápido con Nancy, aunado a que ella decidió no someterse a ningún tipo de tratamiento su salud se deterioró en cuestión de meses y aunque el dolor en su cuerpo era terrible, la mujer aguantó prácticamente sin queja alguna. Nate había planeado cenar con su madre para celebrar su cumpleaños número cuarenta. Debido a la fragilidad del estado de Nancy no podrían salir a algún restaurante, tendrían que pasarlo en su cuarto del asilo, que había dejado de ser un agradable dormitorio para ancianos con dinero para convertirse en una sala de cuidados intensivos con todos los aparatos que ayudaban a Nancy a mantenerse con vida y lo más cómoda posible.


Nate ordenó langosta de un restaurante del centro, parecía ser de las pocas cosas que el estómago de Nancy aún toleraba y hasta compró un poco de mariguana para fumarla con su madre. La había convencido de que eso la ayudaría a disminuir el dolor y la fumaban regularmente arrojando el humo por la ventana una vez que la enfermera había hecho el último rondín de la noche. Nancy bromeaba entre risotadas, decía que después de una vida alejada de los vicios había venido a convertirse en una drogadicta al final de sus días.

Pero la celebración no se llevó a cabo. Nancy murió dormida esa misma mañana y él acabó cenándose la langosta sentado en un solitario rincón de la funeraria.


***


Varias semanas más tarde el abogado de la familia le llamó para invitarlo a desayunar en sus oficinas. Nate acudió a la cita puntual y bien vestido. Después del funeral de Nancy esta era la primera vez que se rasuraba y se hacía un corte de cabello. El abogado Mel Patrick era un tipo muy agradable, su idea de un desayuno era beber café cargado con coñac y fumar habanos. Apenas picó el plato de huevos y jamón que la cocinera le había llevado, pero Nate comió con ganas, tenía días comiendo a deshoras y su rendimiento laboral era muy bajo.


Mel le comunicó que su madre le había dejado el fideicomiso respaldado a su nombre más un par de propiedades que estaban en renta de cuya existencia Nate ni siquiera sabía. La herencia incluía dinero en una cuenta bancaria y la casa de su abuela en la playa.


-Te recomiendo que renuncies a tu trabajo, hijo- le comentó el abogado expulsando humo oscuro entre los dientes –vende las propiedades, cómprate una casa en Florida donde el mar está más limpio y consigue unas damitas ¿eh?- le dijo, guiñándole el ojo. -Con esto que has heredado, nunca tendrás que volver a trabajar en tu vida, es momento de que retomes el control, es lo que tu madre hubiera querido.


Nate salió de la oficina de Patrick con renovados bríos, desde su divorcio había descuidado mucho su persona, había bajado (¿subido o bajado?) de peso y se pasaba el tiempo libre mirando hacia la nada. Y en el trabajo estaba a punto de ser despedido. Su falta de interés le había provocado muchos problemas con su jefe quien ya le había alzado la voz en dos ocasiones. Nate pensó que en realidad estaba harto de ese trabajo y estaba harto de su jefe, así que se dirigió a la oficina y le comunicó que se largaba. Su jefe trató de protestar, no porque Nate fuera indispensable, sino porque esa semana tenía una cita con dos de los mejores clientes de la empresa y Nate había sido el contacto directo de ellos.


-Nate, no seas un chulo, al menos quédate hasta cerrar el contrato con Higgins.


-Fred, puedes cerrar el trato tú mismo, no me necesitas- le había dicho Nate.


-Nate, si te vas de esta manera, te juro que no volverás a conseguir trabajo en esta ciudad.


-Tomaré el riesgo, Fred, por cierto, quema las cosas de mi escritorio, o tíralas, o dáselas a cualquiera de los muchachos. Hay un block de contabilidad nuevo en el cajón, no me llevaré nada.


Salió sin despedirse de sus compañeros y lo primero que hizo fue inscribirse en un gimnasio, estaba decidido a empezar de nuevo, claro que en su posición no empezaría desde abajo como muchas personas que fracasan en su vida. Quizás ahora sea tiempo de dejar de ser un sapo, pensó.


Al pasar las semanas su confianza en sí mismo fue mejorando notablemente, se obsesionó con su imagen, pasaba largos periodos en el gimnasio y frecuentaba bares para solteros, lo cual dio mejor resultado que las aplicaciones electrónicas, conoció a un par de chicas y por primera vez en su vida sintió que tenía potencial.


Una tarde mientras bebía unos tragos con una chica italiana a la que había conocido en un bar, Nate se sintió aburrido por la plática, especialmente por la barrera del lenguaje, él no hablaba italiano y la chica hablaba un pésimo inglés, aún así, Nate pensaba llevarla a la mansión de su abuela a donde se había mudado después de hablar con Mel Patrick. Las pocas citas románticas que había conseguido en los últimos meses las había rematado llevando a las chicas ahí, lo cual las impresionaba. No era un Don Juan, pero el dinero es algo que facilitaba sus encuentros amorosos. Además, las mujeres no se resistían a pasar un fin de semana en una casa frente a la playa y lo que a Nate sí le sobraba, era caballerosidad.


En cierto momento la chica italiana se disculpó y fue al sanitario. Nate aprovechó la ausencia de la mujer para tomar su celular y comenzó a deslizar las recomendaciones de Tinder, lo cual, aunqueno era muy productivo, se había convertido en una especie de obsesión. Deslizaba la pantalla hacia la derecha casi con cualquier chica pues creía que al menos así aumentaban sus posibilidades de encontrar una nueva cita. -Creo que tengo una adicción- se dijo-. Pero al menos puedo costearla.


La pantalla de su teléfono le mostró la foto de una mujer, su tono de piel era moreno oscuro, de rasgos marcados y cabello largo y negro. La chica en la fotografía no era muy hermosa en los estándares de belleza de la televisión, pero los estándares de belleza de Nate eran mucho más flexibles. Algo en esta mujer resultaba muy atractivo, su sonrisa era enigmática, sus ojos le daban un aspecto de nativa americana. Parecía una fotografía que se le hubiera tomado a otra fotografía debido a los colores. Era como una polaroid de los años setentas.


Inmediatamente Nate deslizó la pantalla hacia la derecha y unos segundos después el aparato le indicó que habían hecho un match. La aplicación abrió una pantalla de chat y la mujer le envió un “Hola”. Nate miró furtivamente hacia el baño, la italiana aun no regresaba, así que respondió a la conversación.


Ella le dijo que su nombre era Kellen Corsin, y que estaba de paso por Galveston sólo por esa noche. La mujer fue muy directa, le dijo que tenía un hijo y que tenía quién lo cuidara hasta temprano por la mañana, cuando debería regresar a recogerlo. Sin embargo, estaba interesada en Nate, y si él así lo deseaba, ella tenía la noche libre.


En la mente de Nate algo desató una tremenda curiosidad, era parecida a la euforia que tiene un adolescente cuando una chica se ofrece a darle sexo oral por primera vez. Miró de nuevo hacia el baño, la italiana regresaría pronto. Llamó al mesero, pagó la cuenta y le dio una generosa propina. Le indicó que le dijera a la chica que estaba sentada con él que le había surgido un problema y había tenido que marcharse, pero que pidiera lo que quisiera, ya estaba pagado.


Nate subió a su auto (había recuperado su licencia de conducir sobornando a un oficial del departamento de vehículos) y salió a toda velocidad rumbo al muelle donde había quedado de verse con Kellen. Un par de veces su teléfono sonó, era su cita abandonada en el restaurante, la tercera vez que ella intentó llamarlo Nate oprimió la opción de bloquear al usuario, se aflojó el botón de la camisa y condujo por Seawall Boulevard en dirección norte.


Al llegar a la entrada de Pleasure Pier, Nate la vio de pie y la reconoció enseguida. Era mucho más alta de lo que había imaginado, tenía un cuerpo hermoso, como el de una estatua del renacimiento, su piel era oscura como la canela.


Nate ni siquiera se bajó del vehículo, Kellen se acercó al auto como si ya supiera que Nate estaba detrás del volante. Abrió la puerta del pasajero y se sentó en el asiento del copiloto con toda naturalidad. Su sonrisa parecía ser perpetua, sin decir una palabra acercó sus labios a los de Nate y le dio un beso corto pero emotivo antes de estirar su mano derecha y cerrar la puerta.


Nate se quedó inmóvil unos segundos con la vista fija hacia la calle, sentía la mirada de Kellen clavada en él, se giró para verla y ella sonrió dejando escapar apenas un sonido de su boca.


-¿Te gustaría ir a mi casa?- preguntó Nate.


-Creí que te quedarías mirando hacia el frente toda la noche.


Que voz más hermosa tenía Kellen. Sin embargo, había algo extraño en su timbre, como si fuera muy profundo, como si no le correspondiera a ella, y su acento no era de Texas.


Nate dio vuelta en U y se dirigió al distrito antiguo de la playa donde estaba su casa. No hablaron en todo el camino, en ocasiones Nate volteaba a ver a Kellen, ella sonreía misteriosamente.


Al llegar a la casa Nate condujo hacia el profundo garaje y detuvo el vehículo. Salió y apenas se iba a dirigir hacia el otro lado para abrir la puerta de su pasajero cuando vio que Kellen ya había descendido también. Lo seguía mirando y sonreía. Definitivamente parecía una princesa navajo, llevaba un vestido corto pero no muy apretado además de un rompevientos negro y vaporoso. Era febrero y aunque no hacía mucho frío, las madrugadas en la costa texana podían ser impredecibles y frías. Kellen necesitaría algo más acogedor.


Nate caminó hacia el umbral y abrió la puerta para que ella entrara, lo cual hizo sin dejar de mirarlo y sonreír. La condujo hacia una enorme sala que Nate planeaba en algún momento convertir en la recepción de su hostal. Los sillones eran muy viejos pero estaban en perfecto estado. Ella no se sentó hasta que Nate le pidió que lo hiciera.


-¿Te puedo ofrecer un trago?


-Tomaré lo mismo que tú.


-Pues me iba a servir un mezcal doble solo, pero creo que su sabor puede ser muy fuerte.


-Se me antoja un mezcal doble solo- dijo Kellen sin dejar de sonreír.


Nate sirvió sendas copas con una buena dosis de mezcal ahumado y se sentó justo al lado de Kellen. Le tendió uno de los vasos y dijo:


-Brindemos por algo.


-No, solo bebamos- contestó la mujer. Y ella se bebió su copa de golpe, lo cual sorprendió a Nate.


- ¿Te gustó? - preguntó.


-Sí, me gusta- contestó ella.


Nate se levantó y trajo la botella, llenó el vaso de Kellen una vez más y colocó la botella en la mesa. Él se recargó en el sillón y sin querer oprimió el botón de encendido del televisor. El ruido del aparato lo tomó por sorpresa y se sacudió sobresaltado. El canal de paga anunciaba la premier de una película de terror la cual darían a continuación. Kellen miró fijamente la pantalla como si fuera la primera vez que veía un televisor. Se quedó mirando por varios minutos sin decir palabra. Nate apresuró su trago y se sirvió un poco más. Al ver que Kellen se quedó embobada con las imágenes, decidió hablar:


- ¿Así que tienes un hijo?


-Es apenas un bebé- contestó ella sin dejar de mirar el televisor.


-¿Un bebé? Rayos, ¿no te da miedo dejarlo solo?


-Su padre lo está cuidando, los veré más tarde.


La mujer acercó su cara a la de Nate y le dio un gran beso en la boca introduciendo su lengua y moviéndola con fogosidad. Su beso tenía un sabor dulce casi hipnótico y un montón de pensamientos agradables se agolparon en la mente de Nate, incluso comenzó a mover su cuerpo para posicionarse más cerca al de ella, pero Kellen se alejó de súbito y volvió a clavar su mirada en el televisor.


Nate pensaba que había algo raro en todo esto, pero no era consciente de qué le preocupaba, a fin de cuentas, ella es quien había ofrecido verlo, ¿sabría su esposo que había salido en una cita con un extraño? Se recordó a sí mismo como un marido engañado por Rosie y se sintió culpable. Estaba teniendo una cita con una mujer divorciada (o posiblemente casada) y con hijos que había evadido el tema, como le había explicado, lo único que buscaba era una noche de libertad. Iba a dar otro trago de su bebida, pero colocó el vaso sobre la mesa, el sabor del beso de Kellen aún estaba en su boca y no quería borrarlo con el gusto del alcohol.


De pronto comenzó a sentirse somnoliento, se arremolinó en el sillón y también se dispuso a ver la película.


No supo en qué momento, pero se quedó profundamente dormido, aunque despertó varias veces pero solo por cortos lapsos en los cuales no logró conservar los ojos abiertos y la cabeza le colgaba de lado a lado. Escuchaba la televisión encendida como sonidos inconexos que su cerebro hiló con sus sueños. Eran sueños molestos, vio a su madre caminando por la cocina moviendo vasijas de un lado a otro. Su abuela estaba sentada en una mecedora como lo hizo los últimos años de vida. Aunque él se veía a sí mismo como un adulto, ellas eran más jóvenes. Escuchó una risa y la reconoció, era Kellen, pero no era posible, él sabía que era un sueño y que Kellen no debería estar ahí mientras su madre y su abuela estuvieran presentes. El sonido venía de la sala y se escuchaba el televisor, pero en la época que su abuela aún vivía no había televisión en la mansión, su abuela se empeñaba en que no hubiera ese tipo de aparatos ya que según ella hacían que la casa se viera barata. Su madre quebró un refractario en el suelo, el volteó a verlas y se sintió bastante avergonzado ya que ambas mujeres estaban desnudas y lo miraban molestas.


-Yo no lo rompí, mamá- dijo Nate, y se dio cuenta de que también estaba desnudo. El sol entraba por la gigantesca ventana de la cocina que daba a la playa. La puerta del patio se abrió y un montón de sus compañeros de trabajo comenzaron a entrar por ahí, Frank venía al frente y lo empujó hacia un lado para pasar con prisa hacia la sala. Nate sabía en su sueño que ellos querían ver la televisión.


-Aquí- escuchó la voz de Kellen decir desde la sala y todos corrieron hacia ella.


Él también se dirigió hacia la sala, volteó sobre su hombro y se dio cuenta de que su madre y su abuela seguían observabándolo de manera reprobatoria.


Entró en la habitación y horrorizado vio como sus compañeros de trabajo mantenían una orgía con Kellen. Ella estaba desnuda recostada en un sofá dándole placer a todos, su cuerpo era varios cuerpos a la vez. Frank estaba desnudo y reía como un loco. Nate se acercó y tomó de la mesa de centro un enorme block de contabilidad forrado en cuero. Con ambas manos lo elevó en el aire y golpeó con todas sus fuerzas a su antiguo jefe en la cabeza. Frank comenzó a disminuir de tamaño hasta que se convirtió en una pequeña liebre muy delgada y salió corriendo rumbo a la cocina.


En ese momento Nate despertó, estaba sentado aún en el sillón, la película debía de estar a la mitad.


-Era solo un sueño…- se dijo.


Miró a su derecha y ahí estaba Kellen Corsin mirando fijamente la pantalla sin dejar de sonreír.


Nate se frotó la cabeza y se quedó viendo también a la pantalla. Había visto el preview de esa película varias veces, era el filme de horror más esperado de la temporada.


-¿Cuánto tiempo me dormí?


-Cuatro horas con treinta y siete minutos- dijo Kellen. –Por cierto, debo irme. Tengo que alimentar a mi hijo.


-¿Te ha llamado tu esposo?


Kellen, sin dejar de ver la pantalla, abrió la boca como para decir algo y con una mueca divertida contestó:


-No podría, yo no tengo teléfono.


Nate se frotó la cabeza y los brazos, la temperatura había descendido de forma considerable. Se sentía muy aturdido y los últimos rescoldos del molesto sueño que acababa de tener le venían a la mente como imágenes inconexas.


-No estoy en condiciones de conducir, creo que te pediré un taxi- le dijo, con una sensación de alivio que finalmente comenzó a correr por su mente, se preguntó por qué había abandonado a la italiana así de pronto, no podía negar que Kellen era mucho más atractiva que la mayoría de las chicas que conocía, mucho más atractiva que Rosie, pero su constante sonrisa sin motivo lo hizo creer que quizás la mujer estaba chiflada.


Intentó llamar a la base de taxis que estaba en el vecindario pero el número daba tono ocupado. Después trató de pedir un servicio de Uber y la aplicación le indicaba que había un error de conexión, que intentara más tarde. Decidió que lo único que podía hacer era acompañar a Kellen a la base de taxis, estaba muy cerca, justo en la gasolinera. Se quitó su chamarra y la colocó sobre los hombros de Kellen.


-Permíteme prestarte mi abrigo, no quisiera que tuvieras frío al salir, quizás algún día me lo regreses.


Kellen entornó los ojos con su hermosa sonrisa que ya comenzaba a ser algo molesta. Nate abrió la puerta que daba al patio lateral de la casa, cerca de donde había aparcado el coche. Se sorprendió cuando un viento muy fuerte y extremadamente gélido los golpeó de lleno. Por un momento creyó que se trataba de un huracán, en Galveston eran frecuentes, pero nadie había anunciado alguno, además, el viento era frío y eso no era usual ni siquiera en temporada de huracanes. Aunado a esto, la obscuridad era total, ninguno de los focos del patio estaban funcionando,aunque dentro de la casa sí había luz, tampoco funcionaban los focos de la playa a la derecha del enorme corredor y la calle principal a la izquierda parecía estar también a oscuras.


Una fuerte ráfaga sacudió las buganvilias frente a la puerta y cientos de hojas volaron golpeándolos en la cara y entrando a la casa. Nate clavó su vista en las pequeñas hojas tiradas a unos pasos de distancia y observó que brillaban de un color naranja, como si la luz de un apuntador laser les estuviera dando de lleno y resaltara la forma de las mismas. Kellen soltó una risotada, hueca, ronca y tan desagradable que a Nate se le heló la sangre, fue un sonido tan fuerte que por un momento acalló el ruido del vendaval.


-Creo que será mejor que te lleve en mi auto- dijo Nate, más que por un gesto de caballerosidad, porque comenzó a sentir miedo, y cuando una persona siente miedo la primera reacción es alejarse-. Como una liebre- pensó.


Palpó los bolsillos de su pantalón pero no encontró las llaves. Kellen metió la mano en la bolsa de la chamarra que Nate le había colocado y las sacó, las sostuvo a la altura de su cabeza con la mano derecha mientras con la izquierda apretaba su hombro en una pose provocativa. Qué bella es, pero, ¿por qué me da tanto temor mirarla?, pensó.


Nate tomó las llaves y subieron al auto, trató de encenderlo pero no arrancó, la batería parecía estar descargada. Muy a su pesar, le dijo a Kellen que lo mejor sería que volvieran aentrar en la casa, quizás ella debería pasar la noche ahí, no tendrían que estar un momento más afuera, pero Kellen dijo que aunque le encantaría, le era imperativo volver para alimentar a su bebé.


Nate asintió, regresó al plan de acompañarla calle abajo para que tomara un taxi, no sin antes intentar una vez más pedir un Uber, recibiendo la misma notificación de error. El aturdimiento comenzó a disiparse un poco y pensó que quizás el aire frío que soplaba lo había despertado del todo. Una caminata no le vendría mal.


***


En el arco que marcaba la entrada a la propiedad, al momento de atravesarlo y poner un pie en la banqueta, Nate se dio cuenta de que en la calle no soplaba el viento tan fuerte como dentro del perímetro de la casa, miró hacia el oscuro patio y vio quelos árboles y las plantas seguían moviéndose como agitados por manos enormes.


Comenzaron a caminar por la calle. A pesar de ser sábado por la noche la avenida principal se encontraba desierta y solo algunas farolas funcionaban. –Esto es muy raro- se dijo en voz baja-. A esta hora deberían estar saliendo todos los universitarios y turistas de los bares.


-Quizás es más tarde de lo que crees- dijo Kellen con una risita burlona.


-¿Qué rayos, pero qué hora es?


Sacó su teléfono del bolsillo y notó que la pantalla ahora estaba en blanco, como si hubiera hecho cortocircuito, lo guardó de nuevo y continuó caminando junto a Kellen.


Al llegar a la esquina de la enorme estación de gasolina con tienda de autoservicio, Nate vio que el estacionamiento estaba vacío y las luces de los locales apagadas, esto lo confundió, desde que él era un niñola familia que administraba el negocio había mantenido abierta la tienda las veinticuatro horas del día a lo largo del año, incluso cuando los asaltaron o cuando murió uno de los hijos del dueño durante un tour en Afganistán.


Ya no soplaba el viento y en vez de frío se sentía un calor húmedo, un bochorno que le provocó comenzar a sudar, pero Kellen a pesar de llevar la chamarra de Nate no parecía estar incómoda. De pronto, un sonido como de metales golpeando le llegó desde la parte trasera de la gasolinera, algo caminaba hacia ellos, era robusto y bajo, casi cilíndrico. Al principio parecía tratarse de un enano, Nate volteó sobre su hombro para mirar a Kellen como buscando una respuesta y por primera vez en toda la noche la mujer se encontraba totalmente seria, su boca era una línea recta y miraba impertérrita a la cosa que se aproximaba.


No supo qué hacer, con cautela se encaminó hacia la figura que estaba ya a escasos quince metros. La criatura caminaba erguida y en dos patas, parecía llevar las manos en los bolsillos. Su cabeza, si es que la tenía, era del mismo grueso que el torso, parecía tratarse de un embutido con piernas gruesas. Un monstruo grotesco, como salido de malas películas de ciencia ficción de los años cuarentas.


Estando mucho más cerca Nate se detuvo de golpe y también lo hizo la criatura, aunque la oscuridad seguía siendo profunda, un poco de luz de una distante bombilla alumbraba el lugar donde debería estar la cabeza de aquel ser. Nate notó que había una cara en la parte superior del enano, pero parecía estar dibujada. De pronto, los enormes ojos de la figura parpadearon, lo que le heló la sangre a Nate. Caminó lentamente hacia Kellen y la tomó del brazo pero ella había vuelto a sonreír.


-Es mejor que regresemos.


Kellen lo siguió, obediente. Casi iban trotando y de vez en cuando Nate se volvía, pero el enano no parecía seguirlos.


Pasaron por debajo el arco de la casa y cruzaron el claro hacia la puerta lateral, el viento se había detenido pero la oscuridad seguía reinando en todo el exterior y las hojas regadas por todo el pasillo seguían brillando con un extraño color naranja. Al entrar en la casa la luz era muy débil, Nate pensó que debía tratarse de alguna variación en el voltaje, probablemente el viento había tirado algún transformador.


-Espera en la sala- le ordenó a Kellen. –Tengo que revisar la caja de fusibles.


Caminó hasta la cocina donde se encontraba el gabinete de las pastillas, Nate se dio cuenta que algunas de las palancas estaban botadas y comenzó a ponerlas nuevamente en la posición de encendido. Al accionar la última, las lámparas en el claro se encendieron y el resplandor le deslumbró los ojos al entrar con fuerza por el ventanal, el mismo por el cual entraba la luz solar que había iluminado a su madre y a su abuela en su sueño.


El gusto de volver a encender las luces de la casa se desvaneció cuando vio que desde la playa se aproximaban varios seres como el enano que habían encontrado en la tienda. Sintió pavor, corrió hacia la sala y encontró a Kellen sentada y sonriendo hacia la pantalla de la televisión en la que seguía transmitiéndose la misma película. Kellen sostenía el control remoto en sus manos, ignorándolo por completo. Nate le arrebató el dispositivo pero ella ni siquiera parecía notarlo, sus manos, ahora vacías, se quedaron en la misma posición, como si aún estuvieran sujetando algo.


-Lo siento, necesito ver si en las noticias están reportando lo que está ocurriendo.


Nate comenzó a cambiar los canales para darse cuenta de que el único que funcionaba era el de la película, no había señal en ningún otro, ni siquiera el del clima. Rendido, dejó caer el control remoto en la mesa de centro. La escena en la televisión mostraba a una chica delgada y pálida con la mandíbula deforme siendo interrogada por un detective.


-Sé que ocultan algo- decía el actor que Nate conocía pero cuyo nombre no recordaba –y sé que lo ocultan en el sótano.


El detective comenzaba a bajar por unas escaleras sin que nadie lo detuviera. La chica con la mandíbula deforme tenía poderes telequinéticos, se tapaba los ojos con un pañuelo blanco, señalaba hacia una puerta y lanzaba un horrendo alarido, acto seguido el detective era empujado cuando iba a la mitad del trayecto y caía violentamente al suelo rompiéndose el cuello.


Nate comenzó a sentir nauseas, todo se veía borroso y sus brazos le pesaban, miró a Kellen, la mujer lo observaba fijamente con el cuello estirado hacia su cara. Sonreía y sus ojos rasgados acrecentaban su belleza. Nate se dio cuenta de que no podía moverse, Kellen, sin dejar de sonreír imitó el poder telequinético de la actriz, levantando la mano hacia Nate, se cubrió los ojos y lanzó un chillido ronco, después, sonriendo con mucha alegría, contemplaba la cabeza de Nate colgando como si fuera una marioneta, él trataba de mantener su mirada en Kellen, pero sin fuerza para sostener el cuello erguido, la barbilla caía sobre su pecho tan pronto como lograba levantarla.


El cuarto daba vueltas y de nuevo la luz se tornó débil. En un momento Nate notó que los enanos estaban por toda la sala, donde había más luz, y por primera vez comprendió que los seres eran como hombres, o lo que quedaba de ellos pues parecía que fueran hombres de varias edades y etnias diferentes con un denominador común, todos habían sido deformados de manera similar, como si hubiesen sido compactados, implotados. Sus caras deformes no reflejaban emoción alguna, sus facciones habían sido estiradas casi al límite de romperse. Trató de decir algo, pero solo logró balbucear y un hilo de saliva le escurrió por la comisura de la boca, lo absurdo de la situación casi lo hizo reír, aunque Kellen sí que reía y los enanos parecían reír también, al unísono, los ruidos que estos producían eran gorgoreos escalofriantes, como las cañerías cuando se llenan de vapor en invierno.


Después todo se puso negro y Nate perdió el conocimiento.


Despertó en un cuarto con apariencia de bodega abandonada, húmeda y oscura. Aún no podía moverse pero lograba ver a su alrededor. Aunque no lograba articular palabras, sus ojos reflejaban el miedo que sentía al estar presenciando la abominación frente a él. Un enorme ser parecido a un feto humano estaba a varios metros de distancia. La forma era claramente la de un humano no nacido, pero su tamaño era colosal, casi tan grande como una ballena. Su piel era completamente transparente y lechosa. Nate notaba los órganos del feto palpitar en su interior. Los ojos eran como dos enormes pelotas de básquetbol, rojas e inexpresivas. Su boca, apenas una línea. Una gruesa membrana brotaba del abdomen del feto como si fuera un gigantesco cordón umbilical y se conectaba directamente en la espalda de un hombre, o lo que quedaba. El pobre diablo se había encogido, Nate lo imaginó en seguida, el feto se estaba alimentando del cuerpo cada vez mas compactado del hombre que no podía moverse pero observaba en todas direcciones. Es uno de los enanos, pensó.


Nate estaba asqueado. Luchó tratando de moverse, pero pronto le quedó claro que no lo conseguiría, nada lo sujetaba. Nada visible, sin embargo, no podía mover más que sus ojos y leves espasmos. Sentía un sabor dulce en la boca y esto le provocó aún más nauseas. De pronto notó que había una pequeña luz apuntando directamente a su pecho, una luz como de un laser, la luz hacía que sus pulmones y costillas fueran visibles a través de la piel de su pecho y su camisa. Giró los ojos en busca del origen de la luz, y descubrió que el haz brotaba del pecho de una figura sentada en una gran piedra al fondo del pasillo. La figura era de gran musculatura con ojos iridiscentes y piel broncínea, su cabeza no parecía la de un adulto, era como la cabeza de un infante montada en el cuerpo de un hombre completamente desarrollado. Sus ojos lo observaban amenazantes como los de un ave de presa y su mirada carecía de cualquier signo de empatía o misericordia. En una mano cargaba una jarra de metal, en la otra un teléfono celular. La figura cerró sus acechantes ojos de águila y la luz en su pecho se apagó. Nate cayó al suelo como un trapo, aún sin poder moverse.


Kellen llegó por un túnel a un costado, seguida de un par de enanos. Estaba desnuda y caminaba contoneándose de una manera diabólica.


-Veo que ya conociste a mi hijo, apenas hemos llegado a tiempo para alimentarlo, aún es muy frágil y en ese estado necesita nutrirse bien o perecería.


Sonrió y tomó a Nate de la barbilla levantándola hacia su cara. Aunque Nate seguía paralizado, logró apartar la vista del rostro de Kellen. Ella lo volvió a asir de la barbilla pero ahora con mucha más fuerza.


-Vamos, a partir de hoy serás parte del nuevo emperador del mundo, el rey de los Nimerigar, el devorador de hombres– dijo, volteando a ver el descomunal feto -está dormido pero en muy pocos años despertará y tu vivirás por siempre en su sangre, así como muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Tu misión ha sido cumplida, ahora disfruta de la eternidad.


Al decir esto la mandíbula de Kellen se abrió con una carcajada espantosa, su rostro era una mueca contorsionada que causaba el mayor espanto que Nate hubiera sentido alguna vez. Kellen tomó la cara de Nate y acercó la boca de este a su pecho. De sus pezones comenzó a secretar una leche viscosa que por más que Nate se resistió, no pudo evitar y comenzó a tragar. Un frenesí inundó su mente y todo se puso en blanco, como si su cerebro hubiera estallado invadido por las más poderosas drogas. Estaba loco de euforia y alegría. Su cuerpo se hinchó como un globo pesado y cayó sobre su espalda. Kellen estaba exhausta, se dirigió a la figura de cabeza de infante y se sentó en sus piernas. El actual rey de los Nimerigar era enorme, pero no tanto como el hijo de Kellen, quien pronto tomaría su lugar.


Entre dos enanos cargaron a Nate y lo acercaron al cordón membranoso del feto, desconectaron al hombre que estaba ligado a la membrana, quien ahora era compacto y deforme como ellos.


Uno de los enanos tomó el extremo del cordón umbilical y lo pegó a la nuca de Nate. El dolor fue casi tan inmenso como el placer que le causó, gritó al sentir que su interior era succionado con fuerza a través de su espina dorsal.


–Es sólo un sueño, ¡es sólo un sueño, sólo un sueño! – gritó-. Pronto voy a despertar, ¡pronto voy a despertar!- Pero ese pensamiento fue sobrepasado por una sensación de bienestar y sumisión, se había unido al nuevo imperio y su conciencia fue borrada para siempre.


-El Barrendero Fantasma

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