Octubre de leyenda (2/10): La mujer herrada por pecadora
Circulo Lovecraftiano y Horror se enorgullece en presentar esta sección dedicada a rescatar leyendas del México colonial adaptadas en comic, en vísperas de Halloween / Día de los Muertos. Todas las leyendas aquí presentadas fueron publicadas en la colección “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”, impresa de forma semanal por Ediciones Latinoamericanas, entre 1963 y 1983, con posteriores reediciones que llegaron hasta mediados de los noventas. Este título es considerado uno de los mejores del género en México, tanto por los argumentos como por el arte en portada e interiores, y arropó entre sus filas a los mejores artistas de la época.

EPISODIO 2: “LA MUJER HERRADA POR PECADORA”
¿Cómo se castiga a un sacerdote que solo quería expresar su amor platónico por una mujer? ¿amar es pecado?
Esta historia tuvo lugar en el numero 3 de la calle de Santo Domingo, en el centro de la Ciudad de México. Aquí, dos investigadores excavan en la calle frente a dicha casa, en busca de algo aparentemente mundano pero que tiene un significado importante: herraduras. Era el 19 de septiembre de 1907 cuando Don Carlos Hurtado y el Dr Samuel Olmedo localizaron 4 herraduras en ese sitio, confirmando así que se encontraban en la casa y la tumba de “La Mujer Herrada”.
Dicha fémina llevaba en vida el nombre de Delfina, y su historia es una historia de amor, o al menos de una apasionada obsesión. Su historia sucedió en los años 1750, y esta casa fue considerada por muchos años como una casa pecaminosa, de vergüenza y escandalo, ya que en ella vivía una pareja formada por un sacerdote y la mujer mencionada anteriormente, a quien se consideraba de dudosa reputación, o “liviana”, como lo indica el texto. El cura adoraba a Delfina, toda su anatomía le encantaba , lo tenía, literalmente, a sus pies, mismos que él besaba apasionadamente en cada oportunidad que tenía. Ambos se coqueteaban a diario y se reían escandalosamente, lo que se escuchaba hasta la calle y provocaba las críticas de los transeúntes, que consideraban que dicho cura era una vergüenza para el clero, y qué decir de la “casquivana”, la seductora causante de tal amasiato.
Dos mujeres mayores que escuchaban las risas juguetonas del padrecito y la hermosa Delfina acudieron a misa, a la iglesia de Santa Catarina, y pidieron al altísimo que castigara de forma ejemplar a ambos pecadores: a ella, por provocar al sacerdote, y a él, por faltar a su voto de celibato. El escarnio era lo habitual en las calles aledañas: ¿Cómo era posible que el cura compartiera domicilio con una hermosa mujer? ¿Qué opinión generaba en los católicos que escuchaban las risas y juegos? Todos coincidían en que Dios debía castigarlos de forma tal que nunca sucediera tal aberración nuevamente.
Ambos personajes, Delfina y el cura, vivían su amor en santa paz, pero el destino tenia otros planes para los enamorados, y un personaje cercano al sacerdote tendría un papel crucial en el desarrollo de la historia: el herrero de la casa del Pujavante, mismo que, además de forjar el metal, era compadre del cura amancebado con la mujerzuela. Parte de sus labores en el taller de herrería incluían la colocación de herraduras a diversos equinos, además de realizar rejas y puertas de metal. Su trabajo era pulcro, de buena calidad, y jamás faltaba a su palabra de atender a un cliente. Pero estaba escrito por la mano invisible de lo extraordinario que el herrero sería también víctima de una jugada inesperada: en una noche serena, a altas horas, dos criados mulatos le llevaron una mula negra para que le colocara herraduras. Sorprendido por la hora en la cual le solicitaban su trabajo, se negó a atenderlos, pero ellos le dijeron que iban encomendados por el sacerdote, su compadre, motivo por el cual accedió a hacer el trabajo. La mula, dócilmente ingresó al taller, pero al colocar el primer clavo en la pata, lanzó un alarido casi humano, a decir del herrero. Los mulatos la castigaban a latigazos para que se dejase colocar el herraje, pero con cada clavo enloquecía mas, hasta que el dolor del castigo la venció y cayó rendida a los pies del herrero, que termino de colocar el metal en las pezuñas.
A la mañana siguiente acudió a ver a su compadre, y le reclamó por el desvelo que le provocó el colocar las herraduras a su mula negra. El cura, sorprendido, le contestó que él no tenía ninguna mula, y con una sonrisa nerviosa despertó a Delfina para comentarle la situación. Ella no respondió al llamado, se encontraba aún entre sus sábanas, inmóvil. El sacerdote movió la cobija que cubría a la mujer y cayó presa del terror: Delfina, su amada musa, estaba herrada de pies y manos. Su boca tenia un freno metalico, idéntico al usado para dirigir a los caballos al galope, y su mirada, fija, demostraba el dolor y el sufrimiento padecido solo horas atrás.
Aterrados, el herrero y el padre solo atinaron a llamar al señor cura de la iglesia de Santa Catarina para que los ayudara. Dicho sacerdote, apoyado por un fraile y otro cura llegaron a la casa maldita para corroborar la historia del herrero: esa mujer había muerto por el látigo de los criados y por la colocación de las herraduras. Los religiosos consideraron que tal evento era de origen diabólico, y para evitar que la terrible noticia se propagara, decidieron enterrar su cuerpo ahí mismo en la casa. Con palas y picos hicieron una tumba improvisada en el patio central, arrojaron el cuerpo, lanzaron agua bendita por todo el patio e iniciaron el rezo correspondiente al funeral. Luego del abominable acto, los sacerdotes regresaron a su iglesia, y el licencioso cura que vivía con Delfina abandonó la ciudad, dejando atrás la sotana y su cordura, ya que meses después fue visto en harapos, como pordiosero, pidiendo limosna y perdón celestial. El herrero abandonó también su taller, el cual fue destruido por el tiempo y el olvido; y de Delfina, la hermosa mujer herrada por pecadora, jamás se supo nada más.
Y así termina esta historia, con el deceso de una mujer que recibió un extraño castigo divino, pero no solo es eso, esta historia es también una muestra de cómo la envidia y la especulación pueden ser armas mas peligrosas que el látigo y la herradura.
DATA:
Tradiciones y Leyendas de la Colonia #4 “La Mujer Herrada por Pecadora”
Fecha: 19 de julio de 1963
Editorial: Ediciones Latinoamericanas.
Realización: Cristóbal Velasco CRISVEL
Escenografía: Roberto García
Precio: $1ºº
Dr. Cecilio A. Jacobo Gonzalez, The Comic Archaeologist. 2026






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