"La cacería salvaje del rey stakh"
- Abraham Martinez
- 28 ago
- 3 min de lectura
Nuestro destino para este viernes de película es Bielorrusia, país eslavo de Europa Oriental que tiene frontera con Rusia, Ucrania, Polonia, Lituania y Polonia. La mayor parte de su población ha vivido por décadas en torno a su capital Minsk, y ha recibido una fuerte influencia Rusa desde hace siglos, por lo que no es de extrañar que una de sus cintas más conocidas a nivel mundial, se haya filmado en 1979, cuando aun formaba parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dirigida por Valeri Rubinchik, está basada en la novela homónima de Uladzimir Karatkievich publicada en 1964.
La cinta de dos horas y dividida en dos partes, comienza en el último año del siglo XIX, cuando Andrey Beloretskiy, un joven folklorista de San Petersburgo, llega las tierras encomendadas a la familia Janoŭskis ubicadas entre los pantanos helados de aquel país. A la manera de los viejos cuentos europeos, se refugia en un sombrío castillo, donde lo recibe su dueña, Nadezhda Yanovskaya, una mujer de espectral belleza que radica ahí acompañada de su administrador, Ignatiy Gatsevits. Vagando por la noche en la residencia, Andrey atestigua un ritual en el que ella está rodeadas de plumas y la rezandera que lo ejecuta, pide por la protección de su señora. Justo en esas fechas, se realiza un convite al que asisten los pretendientes locales de Nadezha, entre los invitados a la reunión está su primo, Hrin Dubotovk, un tipo risueña quien apadrina a Ales Vorona, principal contendiente por la mano de la dueña del castillo. Le lleva de regalo una gran piel de oso, un rico vestido y un retrato. Durante el baila, Vorona se siente ofendido por Andrey debido a la forma en que lo separó de la anfitriona durante el vals, pero antes de que los ánimos se calienten más, Dubotovk intervine para calmar al agraviado. Ahí se presenta Andrey Svetilovich, también citadino y estudiante, que le explica el quien es quien de aquella élite rural que explota al campesinado (no podría ser de otro modo en una historia gótica bolchevique). Al término de la reunión, Dubotovk insiste a Beloretskiy que lo visite en su domicilio. Despreciando el regalo de su primo, Nadezha arroja un bebedizo que disuelve el retrato ante la mirada del folklorista y se retira a descansar. Inquieta y casi febril, ella asegura que un hombrecillo enano viene por su alma, y que este aparece siempre que alguien de la familia va a morir. Gatsevits le narra entonces la leyenda de la mujer de azul, uno de los tantos espectros que embrujan aquellos lares, y que durante cien años ha causado la muerte de los miembros de esa familia, entre ellos el Rey Stakh y su partida de caza, quien asesinó a su padre. Beloretskiy accede a los registros familiares y descubre la historia de aquel fantasma: Stakh se proclamó señor de aquella gente, todos le juraron lealtad excepto Roman Janoŭskis, ancestro de Nadezha, por lo que Stakh lo visitó. Hablaron, mezclaron su sangre, bebieron, salieron al pantano a cazar linces y esa noche en un festín en medio del bosque, Roman y sus hombres asesinaron a los partidarios de Stakh, quien antes de morir lo maldijo prometiendo que volvería por él.
Todos los elementos de la clásica historia gótica están aquí: el castillo embrujado, la leyenda del fantasma local, la maldición familiar, la doncella afligida pero sobre todo, esa atmósfera oscura y opresiva que definió a la literatura de terror durante más de dos siglos. Valdrá la pena aguantar las dos horas y cuarto que dura la película, pues al final, el conflicto encontrará una resolución por demás satisfactoria.





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