DOCTOR HINSELMANN: ¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?
- Dr. Cecilio A. Jacobo González

- hace 23 horas
- 4 min de lectura
[by DR. CECILIO A. JACOBO GONZALEZ, THE COMIC ARCHAEOLOGIST]
El concepto de “Mad Doctor” o “Mad Scientist” es un arquetipo muy frecuentemente utilizado en la literatura universal, literatura pulp y en los cómics casi desde sus inicios. Es un recurso literario que le da un trasfondo científico (o seudocientífico) a las historias, y su uso ha creado grandes personajes que trascienden la barrera del tiempo: hay médicos que se encierran en un laboratorio secreto, rodeado de equipo especializado, con la intención de alcanzar una meta aparentemente imposible.

Así, el Dr. Victor Frankenstein, buscando el origen de la vida misma, logró crear una criatura a partir de fragmentos de otros humanos, logró darle la chispa de la vida a un cuerpo inanimado. Otros médicos, mediante métodos poco ortodoxos, buscaron vencer a la muerte, como el Dr. Herbert West, que, con sus investigaciones sobre la vida y el cese de la misma, logró revivir a los muertos, una tarea que resultó en terribles consecuencias.

Estos dos casos de “médicos locos” son imaginarios, pero después de leer las historias de Frankenstein y del Reanimator siempre surgen varias preguntas… ¿que pasa cuando las historias de terror se trasladan a la vida real? ¿hay algún límite en la experimentación humana? Y si omitimos esos límites y reglas… ¿podríamos acceder a una verdad oculta que nos lleve a un mejor entendimiento del cuerpo y sus afecciones?
La historia del Dr. Hans Hinselmann, médico del régimen nacional socialista alemán de los años 40s, es una historia de éxito, sí, pero también es una historia de terror: con sus investigaciones y publicaciones logro cambiar la forma en la que diagnosticamos y tratamos el cáncer en la mujer; pero su meta fue alcanzada a base de crueles experimentos en mujeres judías, sin considerar ninguna clase de derechos humanos o ética profesional. No analizaremos todas las atrocidades médicas ni los experimentos realizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, que están bien documentados y son generalmente conocidos, sólo analizaremos esta historia poco conocida de la ciencia medica, que se ha ocultado por décadas y que incluso se ha tratado de justificar.
Esta historia inicia cuando un joven médico alemán de apellido Hinselmann se encontraba en los pasillos de un hospital de Ginecología, en 1924. Años atrás, había finalizado sus estudios básicos en Medicina, y fue admitido en el área de Ginecología de Giessen. Aquí inició su camino en la investigación, publicando artículos sobre enfermedades ginecológicas y del embarazo. Poco después, durante la 1ª Guerra Mundial, tuvo que detener sus actividades académicas pero no las laborales, ya que durante ese período obtuvo el cargo de Jefe de la Clínica Ginecológica, en Bonn. Y fue aquí, en marzo 1924, donde Hinselmann inició sus investigaciones sobre el cáncer del cuello uterino. En esa época, el origen de este tipo de cáncer era desconocido, y no existía una herramienta fidedigna para detectarlo a tiempo. El análisis era burdo, sin ningún apoyo técnico, y sin una base científica adecuada. Hinselmann hizo su primera aportación en este campo al crear un equipo denominado colposcopio, con el cual realizaba visualizaciones microscópicas del cuello del útero, mediante lentes de aumento, detectando así las lesiones tempranas que preceden al cáncer.

Y todo esto suena bien, sin embargo, el método incluía el pinzamiento y tracción del cérvix, lo que implica un dolor intenso en la paciente, ya que se hacía sin anestesia, y para corroborar sus descubrimientos debía extraer porciones del cérvix, o incluso la totalidad del útero, causándole sangrado e infecciones, y ocasionalmente la muerte. Esto suena como algo reprobable, criminal incluso, pero el destino le trajo una oportunidad única a Hinselmann: la Segunda Guerra Mundial. Bajo el régimen Nazi, Hinselmann y Wirths, un colaborador cercano, acudían al campo de concentración de Auschwitz para realizar exploraciones ginecologicas forzadas en mujeres judías, prisioneras de guerra, para colocar tinciones a base de acido acético y yodo en el útero e investigar el origen y evolución del cáncer cervicouterino. Después de esto, seccionaban parte del cuello uterino para enviarlo al laboratorio de Hinselmann y poder estudiar las piezas. El campo de concentración le ofreció una población cautiva gigantesca, y que no requería de aprobación por ningún comité de ética para realizar sus experimentos.

Los resultados de este trabajo cimentaron la práctica de la colposcopia a nivel mundial, creando terminología nueva y procesos estrictos para la detección oportuna del cáncer, pero a costa de la vida de miles de mujeres que no tenían opinión ni derechos. Al caer el tercer Reich, Hinselmann fue juzgado por sus crímenes de guerra, y encontrado culpable, sin embargo, su aportación a la ciencia hizo que sólo fuese acreedor a una multa y a algunos años sin práctica médica. Después de esta leve sanción, continuó ejerciendo medicina y viajó por el mundo, dando charlas y actualizando a otros médicos sobre sus hallazgos, ganándose así el apodo de “padre de la colposcopia”.

Hoy en día, la colposcopia es parte esencial del ejercicio médico, y ha sido una herramienta importante en la lucha contra el cáncer, lo que nos hace preguntarnos si el fin justifica los medios. Similar a lo que realizó Ozymandias en la saga Watchmen, Hinselmann sacrificó a miles para salvar a millones, las muertes de las pacientes judías durante el holocausto hicieron la diferencia para millones de mujeres alrededor del mundo, y es quizás por eso que esté episodio se ha ocultado del público, y al acercarse el centenario de las primeras publicaciones sobre este descubrimiento, varios grupos médicos quieren reivindicar al médico Nazi antes mencionado. Por mí parte considero que tales abominaciones no debieron existir nunca, y que el responsable debió ser firmemente reprendido, porque el castigo debe ser equiparable al daño.
Como hemos visto en otros casos, a veces la realidad supera la ficción, y aunque el aporte a la salud femenina de este médico es innegable, la forma en que se condujo y desarrolló sus experimentos fue cruenta, atroz y despersonalizada, siguiendo esta forma mecánica y casi matemática del régimen en el que se apoyó para hacerlos.
Nazi, al fin y al cabo.
THE CÓMIC ARCHAEOLOGIST.
2026.


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