"La casa lobo"
- Abraham Martinez
- 10 jul
- 2 min de lectura
Continuando con nuestro recorrido por el mundo del cine fantástico alrededor del globo, para disfrutar en streaming sin costo el viernes en la noche, seguimos en el hemisferio sur pero ahora en Chile.
“La casa lobo” es una cinta de 2018 dirigida por Joaquín Cociña y Cristobal León, realizada en stop motion con el apoyo de un gran número de animadores que durante más de una hora se convierte en una experiencia onírica que no es de fácil digestión. Basada en la historia de “Dignidad”, colonia alemana fundada en 1963 en ese país del cono sur; el prólogo nos narra con voz en off las virtudes de sus habitantes, apicultores y hortelanos protestantes que están en buenos términos con los locales y que están ahí para evitar las tentaciones del mundo. María, una joven que cuida cerdos, los deja escapar un día y por ello es castigada a permanecer en silencio durante cien días. Ella escapa de la colonia se refugia en una casita dentro del bosque cercano, donde después de solicitar auxilio, las puertas se le abren. Nada de lo que he descrito ocurre con actores: son los muros de la casa los que narran, en muchos fotogramas todo lo sucedido, a veces con dibujos hechos a tiza alrededor de las ventanas o el suelo entablado, a veces como sombras negras que se borran, a veces como construcciones de arcilla o papel maché, en un desfile de imágenes cuyo lenguaje sutil contrasta con la voz de María y el dirigente de la colonia, sin que sepas realmente si este se encuentra en la mente de ella o si la ha seguido hasta ese lugar. María se instala con los dos cerdos en el lugar, donde pronto les otorga manos y piernas, hasta humanizarlos para darles los nombres de Ana y Pedro. Hay más aliteración en esta historia de la que yo estoy escribiendo aquí, y conforme pasa el tiempo María se volverá un narrador poco confiable, resultado de sus amargas experiencias en “Dignidad” y el miedo constante a ese lobo que acecha afuera de los muros de la casita de madera, siempre a la sombra de un mundo visual y onírico en el que no existe la luz del día.
Para muchos de nosotros el cine es una forma de escape de la realidad, una hora y pico de escapismo a mundos donde los terrores son tangibles y pueden ser derrotados (o al menos enfrentados o reducidos) a través de armas o rituales, donde sabemos que llegará un final y la tensión terminará. Pero el cine es también una manifestación artística que incluye mensajes hechos para documentar la realidad, movernos a la acción o la reflexión, o simplemente para incomodarnos. En algunas ocasiones, la mezcla de estos tres conceptos nos entregan obras que se quedan en la memoria porque nos impactaron. “La casa lobo” no es una distracción y nos somete a constante interpretación de las imágenes oscuras, las palabras susurradas en español y alemán nos aportan pistas sobre los hechos inquietantes que están ocurriendo, y a modo de final feliz de cuento de hadas, nos arrastran al final de la historia, que una vez conocida, no nos permitirá seguir viendo el mundo del mismo modo.





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