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Octubre de leyenda (10/10): La quema de Fray Tomás Barrientos

hace 10 minutos
5 min de lectura

Circulo Lovecraftiano y Horror se enorgullece en presentar esta sección  dedicada a rescatar leyendas del México colonial adaptadas en comic, en vísperas de Halloween / Día de los Muertos. Todas las leyendas aquí presentadas fueron publicadas en la colección “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”, impresa de forma semanal por Ediciones Latinoamericanas, entre 1963 y 1983, con posteriores reediciones que llegaron hasta mediados de los noventas. Este título es considerado uno de los mejores del género en México, tanto por los argumentos como por el arte en portada e interiores, y arropó entre sus filas a los mejores artistas de la época.




EPISODIO 10: “LA QUEMA DE FRAY TOMAS DE BARRIENTOS”


¿Debes ocultar la verdad? ¿no condenarías un pecado al verlo?

Esta historia involucra la inmolación de un fraile, en consecuencia por su inquebrantable voto de humildad. La trama  se desarrolla en el periodo colonial, durante la extracción de plata de la Nueva España. Se dice que el saqueo del precioso metal fue estratosférico, sin precedentes, a tal grado que los acaudalados señores presumían la cantidad de plata que era suya de las formas mas increíbles: en ornamentadas hebillas, en los intrincados tejidos de los vestidos de sus parejas, en los detalles de sus carrozas, e incluso se cuenta que un terrateniente llegó a tapizar el camino de su casa a la iglesia con plata, para que su hija que se casaba no pisara el piso de tierra. Era tal la presunción de los pudientes que, cansado de esto,  Fray Tomás de Barrientos, fraile franciscano, condenó  públicamente  esta actitud de los ricos en una de sus misas: “rogad a Dios porque cese esta ostentación de riqueza, que debe inspirarla el demonio”, decía el fraile.


Sus feligreses le reprochaban la carencia de plata, y exigían que los ricos compartieran con ellos su tesoro, para saciar su hambre de alimentos, pero también su hambre de posesiones. Esto corroboró lo que el fraile temía: sus escuchas también sentían avaricia por la plata. Cabizbajo, pensó que la solución a este dilema era hablar con los grandes ricos, ir a sus casas, y convencer a los dueños de los metales preciosos que tales elementos eran diabólicos, pero ellos le dijeron que la misma iglesia recibía parte de su plata, en forma de diezmo, por lo que sus reclamos eran inválidos, y que de persistir, acudirían al virrey para que callase al fraile. “Pues gran idea me habéis dado” dijo Fray Tomás, y a la brevedad se dispuso a hablar con el Virrey.


Esperó durante días para tener audiencia con el Virrey en turno, Don Luis de Velasco, quien escuchó pacientemente y confirmó lo que el fraile consignaba: la gente adoraba mostrar sus riquezas en plata. Después de la audiencia, se emitió un decreto: por orden del señor virrey de la Nueva España ninguno hombre o mujer podrán hacer ostentación desmedida de la plata. Esto molestó a la mayoría, pero en especial a Don Sebastián Aguirre y Mora, y a su hija Martina, quien estaba próxima a casarse y esta ley obstaculizaba sus planes de usar un hermoso carruaje hecho enteramente de plata, algo digno de la realeza pero que ahora permanecía oculta por orden virreinal. Poco después unos caballeros visitaron al señor Aguirre y Mora, con quien compartían la cualidad de ser dueños de grandes cantidades de plata. Don Sebastián maldecía al virrey por el decreto, pero no era a él a quien deberían ir dirigidos sus enojos, dijeron los caballeros, sino hacia Fray Tomás de Barrientos, ya que el sacerdote fue quién provocó que el virrey prohibiera lucir la plata en público.


Y los señores, enojados por no poder presumir sus posesiones, urdieron un plan: sobornar al criado del fraile para que hiciera caso omiso cuando alguien preguntase por lo que sucedía en casa de su señor, osea, hacerse de la “vista gorda”, pues. Un saco lleno de oro fue el pago acordado, y el criado aceptó. Luego, la bodega de casa del fraile fue llenada de plata, a mas no poder, y al día siguiente los ricos acusaron a Fray Tomás de haber solicitado plata para la iglesia y habérsela quedado para él. Los sacerdotes del santo oficio preguntaron si existían pruebas de tales acusaciones, a lo que se respondió que si, que un registro a la casa del fraile confirmaría que ahí se encontrarían las riquezas robadas. Luego, Fray Tomás fue detenido e interrogado sobre el origen de la plata, él argumentó que desconocía su procedencia pero que sospechaba que tuviera influencia diabólica.  Y con esta “confesión”, el oidor le acusó de tener tratos con el demonio. El castigo era la muerte por inmolación, una “quema pública”, en lo que hoy es la Alameda Central en la Ciudad de México.


No hubo queja ni objeción de Fray Tomás,  que aceptó estoicamente su destino. La combustión humana se llevó a cabo según lo indicado, no hubo gritos ni piedad para el religioso, que ardió hasta su muerte. La gente sospechó que los mismos ricos sobornaron a los involucrados para sacar al fraile de la ecuación, pero nadie hizo nada. Ahora, según la leyenda, en el lugar de la quema quedó un pequeño rescoldo de la hoguera, mismo que un año después se avivó y causó el incendio de la casa de don Sebastián, y nadie pudo sofocar las llamas, que destruyeron por completo la casa. Incluso decían que el fuego era tan intenso como las llamas del infierno. Lo mas triste fue que dentro del domicilio se encontraban la esposa e hija del señor Sebastián, además de sus criados, y todos perecieron en el incendio. Sebastián sospechó que el fuego no venía del infierno, sino del fantasma vengador de Fray Tomás Barrientos, y su remordimiento fue tal que acudió al santo oficio a tratar de corregir su daño: confesó haber planeado todo, dijo que él y otros ricos habían “sembrado” la plata en casa de Fray Tomás, y que el fraile nunca fue culpable.

Los oidores solicitaron la presencia del resto de los acusados, los que negaron todos los cargos imputados, y ante la cobardía de los caballeros, Don Sebastián juró que expiaría sus pecados a su manera: se puso unos grilletes y cadenas, que fueron hermosamente labrados en plata, y estarían atados a sus manos, cuello y piernas, y se dedicó a rezar fervorosamente, buscando el perdón celestial. Ataviado con sus valiosas pero pesadas cadenas, vagaba por las calles, enloquecido, rezando, buscando la salvación, pero lo deseado nunca llegó:  su esquelético cadáver sería encontrado en su  domicilio años mas tarde, aun con las cadenas puestas, como dando a entender que su castigo sería eterno.

Y así termina esta historia, donde la verdad expuesta por un fraile le causó la muerte en el fuego, y las consecuencias de mentir al respecto llevaron a un loco con cadenas de plata a vagar eternamente, buscando el perdón.





DATA:

Tradiciones y Leyendas de la Colonia #140 “La Quema de Fray Tomás de Barrientos”

Fecha: 20 de marzo de 1966

Editorial: Ediciones Latinoamericanas.

Sin autores acreditados

Precio: $1ºº



 

Dr. Cecilio A. Jacobo Gonzalez, The Comic Archaeologist. 2026

 
 
 

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Est. 2012 Círculo Lovecraftiano & Horror

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