Octubre de leyenda (8/10): El músico de los muertos
Circulo Lovecraftiano y Horror se enorgullece en presentar esta sección dedicada a rescatar leyendas del México colonial adaptadas en comic, en vísperas de Halloween / Día de los Muertos. Todas las leyendas aquí presentadas fueron publicadas en la colección “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”, impresa de forma semanal por Ediciones Latinoamericanas, entre 1963 y 1983, con posteriores reediciones que llegaron hasta mediados de los noventas. Este título es considerado uno de los mejores del género en México, tanto por los argumentos como por el arte en portada e interiores, y arropó entre sus filas a los mejores artistas de la época.

EPISODIO 8: “EL MUSICO DE LOS MUERTOS”
¿Qué tanto disfrutas la música? ¿Es tal tu gusto musical que aun después de muerto seguirías acudiendo a conciertos?
Esta historia sucedió alrededor del año 1574, cuando Martin Enríquez de Almanza era el Virrey de la Nueva España. En estas fechas apareció en México un curioso músico, era invidente pero sumamente hábil para el canto y la mandolina. Se llamaba Fabiano, y era juglar de origen italiano. Se dice que tocaba tan maravillosamente que atraía a cuantos lo escuchaban, e incluso lloraban de emoción con sus canciones. Su fama le llevó a interpretar serenatas a la luz de la luna, complaciendo a los caballeros que deseaban conquistar a la dama con canciones de amor. Una noche, después de cantarle a una bella joven, recibió un pago generoso y decidió pasar la noche en un mesón, pero al ser ciego no podía encontrar fácilmente el camino. Se encontró a un fraile de nombre Genovevo Talamantes, quien le comentó que el mesón que buscaba estaba lejos, y se ofreció a llevarlo a descansar a unos aposentos cerca del templo de San Agustín, y ambos partieron rumbo al sitio.
Ya en el lugar, el juglar deleito a los religiosos con sus cantos, que incluyeron pasajes de la biblia, ganándose así la amistad y respeto de los frailes. Pero a la noche siguiente, una extraña figura se presentó ahí, solicitando los servicios del juglar. El músico aceptó y ambos partieron rumbo a un destino desconocido, donde pudo tocar música por horas para grandes nobles que pagaron una buena cantidad de oro, en monedas francesas. Fray Genovevo le preguntó que donde fue el sitio de tal baile, o qué nobles le contrataron, pero no lo sabía, él simplemente realizó su tarea, complaciendo a los escuchas en turno. El pago fue alto y el contratante prometió volver a buscarlo, el contrato de este nuevo patrón estaba planeado para 5 conciertos nocturnos, por lo que el intérprete debía descansar durante el día para dar lo mejor de si en las noches. Genovevo tenía dudas y decidió seguir al juglar a la siguiente noche, para saber de donde salía tan generoso pago y quienes eran los involucrados. Y así fue, el fraile los siguió a escondidas solo para darse cuenta, dos noches después, que sus conciertos… ¡eran en el cementerio!
El hombre que contrató al músico era un cadáver de ese panteón, y cuando se tocaba la mandolina, el resto de los fallecidos despertaban para bailar y gozar con las hermosas notas tocadas por Fabiano. El fraile, totalmente desconcertado, regresó con la noticia a su congregación, y el prior le indicó que eso era algo inconcebible, que acudirían armados con reliquias, agua bendita y el poder de Dios al sitio para detener esa locura. Luego, el extraño sujeto condujo de nuevo al juglar al siguiente evento, y justo cuando iniciaba la música los frailes la interrumpieron, lanzando oraciones y agua bendita a todos los muertos danzantes, los que huyeron dando alaridos y maldiciones, regresando a sus tumbas. Pero un cadáver con sombrero de capitán pirata se quedo atrás, y en un movimiento certero cortó la oreja del cantante, para dejarle un recuerdo de su patrón: el Capitán Brasseur.
El músico fue llevado al convento para curarle su herida, y Genovevo se dispuso a investigar acerca del pirata que lo hirió. En viejos papeles encontró la verdad sobre el pirata y sus acompañantes: Brasseur y sus colegas fueron truhanes marítimos, aprehendidos y castigados con la horca, pero antes de fenecer, habían prometido a otro capitán pirata que bailarían en un palacio, rodeados de riquezas y mujeres. El ejecutor preguntó sobre su última voluntad y el capitán, en tono burlón dijo: “”!que me dejen bailar en la fiesta del virrey mañana por la noche!” no sucedió tal aberración y los marinos fueron colgados, así como sus disolutas mujeres, y todo el grupo fue depositado en el panteón, donde noche tras noche eran despertados con la música del juglar, para bailar y disfrutar como lo habían prometido. Genovevo le contaba todo esto al músico, pero no obtuvo reacción alguna: el juglar murió de miedo al escuchar que sus canciones eran disfrutadas por esqueletos danzantes, a petición del pirata del mas allá.
Y así termina esta historia, donde una bella melodía resucitó a todo un panteón, para continuar festejando a pesar de no tener un corazón latiendo.
DATA:
Tradiciones y Leyendas de la Colonia #76 “El Músico de los Muertos”
Fecha: 3 de Diciembre de 1964
Editorial: Ediciones Latinoamericanas.
Realización: Cristóbal Velasco CRISVEL
Escenografía: Roberto García G.
Colaboró: Ma Elena Cortéz, L. Manuel García y Juan Pie.
Precio: $1ºº
Dr. Cecilio A. Jacobo Gonzalez, The Comic Archaeologist. 2026






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