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Octubre de leyenda (6/10): El perro del agarrotado

hace 11 horas
6 min de lectura

Circulo Lovecraftiano y Horror se enorgullece en presentar esta sección  dedicada a rescatar leyendas del México colonial adaptadas en comic, en vísperas de Halloween / Día de los Muertos. Todas las leyendas aquí presentadas fueron publicadas en la colección “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”, impresa de forma semanal por Ediciones Latinoamericanas, entre 1963 y 1983, con posteriores reediciones que llegaron hasta mediados de los noventas. Este título es considerado uno de los mejores del género en México, tanto por los argumentos como por el arte en portada e interiores, y arropó entre sus filas a los mejores artistas de la época.



EPISODIO 6: “EL PERRO DEL AGARROTADO”


¿Puede el amor vencer las diferencias entre clases sociales? ¿tu mascota te será fiel hasta la muerte, y después de la muerte?

Esta historia sucedió alrededor del año1573, cuando inició la construcción de la catedral de la Ciudad de México, sobre las ruinas del antiguo templo mayor de los aztecas. Este sitio de culto  atraía a españoles e indígenas, y se cree que de ésta convivencia cruzada nacieron mestizos con sangre tanto española como de las princesas aztecas, a pesar de la prohibición de los misioneros, que no veían con buenos ojos la unión de las dos razas. Esto generaba, además de todo, enfrentamientos y violencia entre los españoles y mestizos, ya que no se les consideraba dignos, no tenían derecho a la vida ni a la felicidad.


Debido a este desprecio, muchos mestizos se movieron a diversas áreas de la ciudad, siendo una de ellas el pueblo de Ixtacalco, desde donde nace el canal de La Viga. Y en este sitio, los pobladores empezaron a escuchar, de noche, un extraño ruido: los aullidos estremecedores e infernales de un perro. Se cuenta que el aullar de aquel perro erizaba la piel de quienes lo escuchaban, y que parecía mas  un lamento de otro mundo que el ladrido de un can. Este animal, de aspecto escuálido y sombrío, andaba por las calles de la zona, espantando a los que por mala fortuna cruzaban su camino. Algunos aseguraban haber visto llamas salir de sus ojos, y una sialorrea profusa en su hocico, pero nadie conocía su origen o el porqué caminaba por esos terrenos.  


Su ruta iniciaba en La Viga y se dirigía siempre hacia el centro de la ciudad. Y en este camino se encontraba el domicilio de Don Diego de Palencia y Albornoz, español que había desposado a una hermosa mestiza llamada Clara. Ambos se amaban intensamente, sin embargo, su idilio no seria eterno: una noche de esas en las que el canino merodeaba las calles rumbo al centro, con un salto intempestivo, rompió la ventana de la casa de Don Diego, y se postró en su sala, mirando fijamente a los amantes. Ella lo reconoció de inmediato: “¡es el perro de mi hermano!”. Acto seguido, un espectro se hizo presente, era Lázaro, consanguíneo de la mestiza, que iba en busca de venganza.


La mujer, con mirada de miedo, pedía disculpas y piedad por lo cometido, pero el espectro condenó: “¿piedad? ¡jamás la tuvieron conmigo quienes me sacrificaron!” y justo después, en un arranque de locura, ella misma tomó una daga y se la clavó en el pecho, terminando con su vida. Don Diego, totalmente fuera de si, cayó desmayado ante tal espectáculo. Luego ambos, el fantasma mestizo y su perro, salieron de la casa y se perdieron en la noche. A la mañana siguiente, el padre de Diego, Don Jose María, lo encontró balbuceando sobre lo sucedido: “¡Era el Agarrotado!”, decía incesantemente, “!y lo acompañaba el demonio!”


Debido a esto, Don Diego perdió la razón, y fue recluido por su padre en su casa, para cuidarlo, ya que no paraba de mencionar al Agarrotado, sin dar mas detalles de quién o qué era esa persona. Pero intuyendo que quizás él fue el causante de todo esto, el padre de Don Diego acudió a ver a un sacerdote para confesarse, pero no se atrevió a hablar. Al contrario, dejó el sitio y acudió a ahogar las penas con alcohol, sin saber que las pesadillas y los recuerdos lo atormentarían a pesar de su estado etílico. Gritaba en las noches pidiendo no quedarse a solas, porque el Agarrotado podría llevárselo.


Así transcurrieron los días, entre locura y desesperación, hasta que una noche en la cual Don José por fin pudo conciliar el sueño sin problema, el perro del Agarrotado inició su lento peregrinar desde La Viga, aullando sin cesar. A su paso, puertas y ventanas se cerraban inmediatamente, tratando de evitar su entrada, pero nada impediría que llegara a su destino: la habitación de don José. De un salto, tumbó al sirviente que hacia guardia ahí, y se plantó frente al aterrado adulto mayor. Segundos después apareció el ente, el Agarrotado, pero en este momento no quería venganza, solo pedía que lo escuchasen, pero no hubo quien: Don José falleció al instante, presa de un terror indescriptible. Al día siguiente los criados encontraron fango y huellas de perro al lado de su cama, adjudicándole el deceso a la aparición del can de ultratumba.


Los curiosos hacían conjeturas: ¿qué extraña maldición rodea a esta familia? ¿porqué el Agarrotado y su perro los atormentaban?. Es aquí donde aparece otro personaje importante para el relato, Cristóbal de Salamanca y Bohorguez. Este caballero hace remembranza de la vez que estuvo cerca de unirse en matrimonio con Doña Mercedes de Palencia, familiar de los afectados. En esa ocasión, Don José se enteraba de los amoríos de su hija Mercedes con un “perro mestizo” (como lo llamó despectivamente el anciano); ella le suplicaba a su padre: “él es Lázaro González Temoc, es de sangre real, tiene nombre y patrimonio”. Aun así, su padre se oponía al cortejo del mestizo con su hija, por lo que ambos caballeros decidieron enviarla a un convento a reflexionar, retrasando un poco el matrimonio de Cristóbal y Mercedes.


No se sabe como es que se conocieron Mercedes y el mestizo, pero ni la orden de su padre y de su futuro esposo le impidieron seguir viendo a su amado Lázaro. El joven convenció a Mercedes de huir con él a una casita que tenía en Ixtacalco, y ahí consumaron su amor. Enfurecido, don José estaba dispuesto a rastrear a los amantes fugitivos, cuando su hijo Diego le dijo que él también amaba a una mestiza, y que su amada era hermana de Lázaro, por tanto, compartían nombre y linaje. Esta situación la consideró la peor traición y juró matar a Lázaro, para lavar el pecado de su unión inmoral. Acudió a la casa donde se escondían, amenazó de muerte al mestizo y en un movimiento intentó hundir su espada en el tórax del mancebo, pero su hija se abalanzó sobre su amor, protegiéndolo, y recibiendo la estocada mortal en el corazón,  falleciendo al instante.


Y aquí aparece el perro: el can que vivía con los jóvenes amantes se lanzó sobre el anciano para defender a su nueva dueña, pero don José asestó un garrotazo al perro, haciéndolo caer frente a él. Ahora, sin mas defensa, Lázaro fue llevado ante la Santa Inquisición, acusado de brujería ya que, según don José,  era la única explicación que tenía para que este mestizo hubiera seducido a su hija. Se hicieron las declaraciones pertinentes y Lázaro fue condenado a morir por garrote, recibiendo golpes contundentes con una maza hasta su muerte. Al irse al mas allá,  el perro aulló de dolor junto a su amo, ahora finado, causándole escalofríos a todos los presentes.


Y este fué el origen del Agarrotado, un joven mestizo que fue asesinado bajo declaraciones falsas de brujería , alejado de su amada por su familia, por no aceptar sus condiciones sociales. Y ahora, desde el más allá, regresó a castigar a los involucrados en su deceso. Poco a poco fue acosando a sus agresores, llevándolos a todos a su muerte, terminando así con ese ciclo de sufrimiento. Poco después, unos frailes escucharon la noticia del injusto castigo de Lázaro, exonerándolo postmortem y diciendo tres misas en su honor, pero eso no calló al perro, que seguía aullando noche tras noche. Armados de valor, se acercaron al perro y vieron como aparecía el Agarrotado, pero ya no deseaba venganza, tenía una petición ahora: reivindicar su nombre y el de su amada, además de una cristiana sepultura para ambos. El perro, siguiendo las indicaciones de su amo, llevó a los frailes al sitio donde estaban los restos de su esposa. Ellos exhumaron el cadáver, dando las misas correspondientes y pidiendo el ascenso de su alma al cielo. Una vez hecho esto, el perro no volvió a aparecerse nunca, aunque se cuenta que los amantes siguen caminando de noche, tomados de la mano, siguiendo el canal de La Viga.

 



DATA:

Tradiciones y Leyendas de la Colonia #218 “El Perro del Agarrotado”

Fecha: 19 de Agosto de 1967

Editorial: Ediciones Latinoamericanas.

Realización: Francisco Alemán G.

Precio: $1ºº



 

Dr. Cecilio A. Jacobo Gonzalez, The Comic Archaeologist. 2026




 
 
 

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Est. 2012 Círculo Lovecraftiano & Horror

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