Octubre de leyenda (5/10): La hija de la llorona
Circulo Lovecraftiano y Horror se enorgullece en presentar esta sección dedicada a rescatar leyendas del México colonial adaptadas en comic, en vísperas de Halloween / Día de los Muertos. Todas las leyendas aquí presentadas fueron publicadas en la colección “Tradiciones y Leyendas de la Colonia”, impresa de forma semanal por Ediciones Latinoamericanas, entre 1963 y 1983, con posteriores reediciones que llegaron hasta mediados de los noventas. Este título es considerado uno de los mejores del género en México, tanto por los argumentos como por el arte en portada e interiores, y arropó entre sus filas a los mejores artistas de la época.

EPISODIO 5: “LA HIJA DE LA LLORONA”
¿La hija de la Llorona?¿Sobrevivió acaso alguno de sus hijos al ataque de su madre?
Ya hemos hablado antes de este espectro, y de como asesinó a sus hijos, pero en este numero aparece su “hija”, o al menos una descendiente espiritual. En este episodio se comenta de nuevo el posible origen prehispánico de la leyenda de La Llorona: de acuerdo al libro “Historia General de las cosas de la Nueva España”, escrito por Fray Bernardino de Sahagún entre 1540 y 1585, en el México prehispánico ya se aparecía un fantasma femenino que lloraba por las noches, espantando a quienes cruzaban su camino. Aquí se le conoció como Cihuacoatl, una diosa de la mitología mexica, considerada la madre de todos y la diosa de la fertilidad. Se le considera también un espectro de mal augurio, ya que se le pudo escuchar llorando previo a la llegada de los españoles a México, lamentando la masacre que sucedería luego del encuentro de éstas dos razas.
Después del choque entre Hernán Cortés y Moctezuma, miles de indígenas perecieron, y algunos pobladores creen que eso ocasionó que Cihuacoatl deambulara de nuevo en las calles lanzando su triste lamento y enunciando la ya famosa frase ¡Ay mis hijos!. Y en una de esas noches en las que el fantasma caminaba por la ciudad, dos caballeros la vieron acercarse a la catedral de la Ciudad de México, arrodillarse y llorar. En un momento de valentía, uno de ellos se acercó tanto que pudo confirmar sus sospechas: conocía a esa mujer.
Él comentó que reconoció al espectro: era la mujer que dio muerte a sus hijos, la que burló a Montes Claros, en referencia a quien fue la pareja sentimental de la Llorona en vida: Don Nuño, Conde de Montes Claros. Su compañero indicó que, en efecto, ella se aparecía en la catedral para pedir perdón por sus pecados, y por dos décadas más este ser del mas allá continuó apareciendo en la catedral, sin que esto detuviera a los pretendientes de acudir a donde su amada estuviese.
Uno de estos tórtolos irrefrenables fue Don Melchor de Gómez, caballero enamorado de una hermosa joven llamada Luisa. Él pretendía su amor, y gentilmente le tomaba la mano a través de la reja metálica que los separaba, mientras ambos añoraban la fecha de su boda, para poder estar juntos eternamente. Ella, preocupada por Melchor, temía que la Llorona apareciese en el camino de regreso a su casa, por eso, desde temprano insistía que el se retirase a lugar seguro. Por otro lado, Luisa ansiaba el día en que por fin se uniría en matrimonio con Melchor, y en cuanto se despedía, regresaba a su habitación a contemplar su vestido y probárselo nuevamente. Sin embargo, en su corazón existía una duda: ¿Quién era su madre? Ella desconocía su historia, siempre vivió con su nana Tadea, y por lo anterior, enfundada en su vestido de novia, decidió entrar el a habitación de su mamá. Aquí, un sentimiento la atosigaba, una sensación de que ahí estaba encerrado un pasado sombrío, tenebroso. Luisa ve las joyas de su madre y piensa que serán buen augurio para su boda, además de funcionar como dote para su esposo. Decide probarse unas de esas joyas, y al mirarse al espejo sucede lo impensable: ¡su reflejo es un cadavérico fantasma!
Aterrorizada, lanza las joyas de su cuerpo, la visión desaparece y huye de la habitación, a gritos localiza a Tadea, y la lleva de regreso al espejo, solo para confirmar que no hay cambios en su rostro. La criada la tranquiliza y la retira de la habitación de su madre, pero Luisa le pide que lleve las joyas a la habitación donde ella dormirá, porque desea usarlas en la boda, Tadea se niega pero ante la insistencia de la joven, accede y lleva el joyero repleto a los aposentos de Luisa. Y entre sueños, Luisa escucha unos gemidos provenientes del arca: “Aaaayyyy Luisa, hija mía, aaayyyy…”. Ella, desconcertada, no da crédito a lo que sus oídos perciben, y en ese momento aparece un ente… ¡es la Llorona!
Su aparición tenía un motivo: una advertencia. Luisa no debía casarse con Melchor, la sangre de ese español no debía mezclarse con la suya, porque ella era mestiza, era la hija de la Llorona a la que Dios salvó de la muerte. Luisa no creyó en lo que decía el ente y le indicó que iba continuar sus planes de boda. Una vez rechazada al advertencia, el fantasma se alejó diciendo: ¡Aaaaayyy de ti, hija mía, aaaayy de tiiii! Luego, Tadea se acerca a la cama, en silencio, ha visto todo. Luisa le pregunta: ¿es cierto eso, soy la hija de la Llorona?, la respuesta es breve pero contundente: SÍ.
¿Cómo sucedió esto? Tadea le cuenta, llorando, que ella estuvo ahí ese fatídico día: su madre era la señora Luisa, concubina de Don Nuño de Montes Claros, y al ser ella la más pequeña de los hijos, no falleció apuñalada, sino que solo fue herida de gravedad, y Tadea la rescató mientras la chusma enardecida apedreaba a su madre hasta la muerte. La nana llevo a la niña con una curandera, se encargo de criarla, y al fallecer su padre, reclamó la herencia del Conde para la pequeña Luisa, y ha estado cuidando de sus bienes desde entonces, para que el futuro de esta pequeña sobreviviente sea mejor de lo esperado.
Ahora la joven Luisa se da cuenta de dos cosas: una maldición se cierne sobre sus hombros, y lo otro: ella tiene blasón, puede desposar a Melchor sin problema. Tadea le indica que es imposible evadir la sentencia de La Llorona, pero Luisa cree que su amor vencerá la maldición y serán felices. A pesar de todo, la boda se llevó a cabo, y retando al destino, Luisa usó las joyas de su madre, las que, a decir de los asistentes, tenían un resplandor macabro. Luego, al llegar a casa con su esposo de la mano, se sentó frente a un espejo, y mientras Melchor retiraba las joyas de su cuello, él también pudo ver el hechizo de las joyas: ¡Luisa se veía como un fantasma!
Luisa, poseída por el espíritu de su madre, se abalanzó sobre su amado y le desfiguró el rostro con sus manos, destrozando también su cuello y cráneo, asesinándolo. Luego, aun poseída, dejó el cadáver de su esposo en la habitación nupcial, donde fue encontrado al día siguiente. La gente pensó que se trataba de un crimen pasional, pero la nana lo sabía todo… fue La Llorona, en el cuerpo de la joven Luisa. Para proteger a su ama del castigo por el crimen realizado, Tadea encerró a Luisa en un calabozo, desde donde no se escucharían sus lamentos, pero por las noches de luna llena, una fuerza sobrenatural la sacaba de ese calabozo para seguir espantando a los desafortunados.
Y aquí hay otro giro en la trama: la Llorona aparecía en dos lugares, simultáneos. Unos la veían en la calle de San Pablo, y otros en la calle de La Acordada, y aunque la mayoría concluyó que se trataba del mismo espectro, solo unos cuantos sabían que, en realidad, madre e hija deambulaban asustando a la gente. El terror de ambas Luisas era demasiado, y la iglesia envió a dos frailes a acabar con el problema. Su modus operandi consistió en seguir al fantasma hasta su lugar de descanso, en el sótano de la casa de Tadea, donde encontraron a la joven Luisa bajo posesión diabólica. Los frailes, con una estaca, asestaron un golpe brutal en el tórax de la jovencita, retiraron las joyas y ella volvió a su estado normal, para fallecer posteriormente pero ya sin el espectro dentro. La nana, arrepentida pero enojada con la señora Luisa, enterró las joyas malditas, pensando que así acabaría la maldición, lo cual no sucedió, puesto que La Llorona está condenada a vagar por siempre, lamentando y gimiendo sin cesar.
Y así termina esta historia, con la única sobreviviente de un terrible infanticidio, pero que no pudo escapar a su destino, al ser recipiente del eterno fantasma que llora.
DATA:
Tradiciones y Leyendas de la Colonia #31 “La Hija de la Llorona”
Fecha: 23 de Enero de 1964
Editorial: Ediciones Latinoamericanas.
Realización: Cristóbal Velasco CRISVEL
Colaboró: T. Matadamas y R. Mora
Precio: $1ºº
Dr. Cecilio A. Jacobo Gonzalez, The Comic Archaeologist. 2026






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