Leamos a Shirley Jackson

Shirley Jackson, se viene a nuestra mente colectiva con la reciente serie de Netflix, la maldición de Hill House, pero Shirley siempre ha vivido en el castillo del horror psicológico y social, se pasea anualmente en Massachusetts con el premio de su mismo nombre; destinado a reconocer a lo mejor del suspenso, del horror y la fantasía; y da pequeños saltos en las antologías de cuentos inéditos que se siguen publicando, como las seis de la mañana es la hora, boletín, paranoia, the beautiful stranger, el hombre del bosque, entre otros.


En el círculo la introducimos con el cuento de postguerra que le dio fama: La lotería, publicado en 1948. Sé que generará polémica, como lo hizo posterior a su publicación.


La escritora refirió que recibió miles de cartas, en las que los lectores le reclamaban el desenlace; pero justamente, esa es la habilidad que se impregna en sus historias: algo que parece molesto o que nos hace un ruido interior, que logra incrustarlo en lo cotidiano e incluso con cierta aceptación de lo que podría ser cruel. Sus personajes siguen danzando, entre lo que resulta inamovible, o que no se quiere cambiar, y lo que viene del exterior con tintes de gótico sureño: casas embrujadas llenas de recuerdos, casas en las que han ocurrido terribles crímenes y en donde los pueblerinos se pavonean, secretos que taladran la mente o aldeas, cuyas costumbres inmemorables se llegan a cuestionar sin respuesta, donde el azar justifica las acciones de la masa, o bien, los chivos expiatorios cumplen una función para el colectivo.


¿Qué parte del cuento consideras que genera terror en el lector?



La mañana del 27 de junio amaneció clara y soleada con el calor lozano de un día de pleno estío; las plantas mostraban profusión de flores y la hierba tenía un verdor intenso.

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