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Mary Wollstonecraft Shelley: las raíces del radicalismo


El pasado primero de febrero, pero de hace 170 años, murió una escritora que es recordada hasta nuestros días por su gran obra maestra: Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada el primero de enero de 1818. Mary Shelley forma parte de las literatas consagradas, por la forma en que plasmó en su obra ideas no solo de horror y ciencia ficción, sino de temas sociales controvertidos, como los derechos de la mujer y la bioética.


Pero para entender cómo una mujer de su época, que era muy distinta a los tiempos que corren, logró no solamente compartir sus reflexiones, sino deslizar por medio del artilugio de la literatura temas que aún hoy en día causan escozor en las mentes limpias y puras de muchos y muchas, debemos por fuerza revisar sus primeros años, aquellos de su primera formación.


Mary nació el 30 de agosto de 1797, en Somers Town, Londres, muriendo su madre, la filósofa Mary Wollstonecraft en el parto, situación que la perseguiría toda su vida. La figura de su progenitora, una escritora, novelista y periodista de reconocidas ideas feministas la marcaría para siempre, a través de los recuerdos de su padre, William Godwin, también periodista, novelista y político, que un año después, lograría publicar la obra de su fallecida esposa; Memorias de la autora de una vindicación de los derechos de la mujer.


William le proporcionó a Mary Shelley una educación informal, en donde las ideas radicales ilustradas de él y su esposa, jugaron un papel importantísimo en la formación de sus hijas. Godwin al igual que la fallecida Mary, escribía para difundir sus ideas, un claro ejemplo de éstas, podemos encontrarlo en su ensayo: Political justice, en donde expone su visión utópica y sus principios revolucionarios.


Más o menos cuando Mary tenía cuatro años, Godwin se casa de nuevo, con Mary Jane Clairmont, quien tenía ya una hija y un hijo (Claire y Charles), con lo que la familia de crecería y los favoritismos comenzarían a crear tensiones. Las cartas de Louisa Jones, el ama de llaves de la familia, son un testimonio fundamental para entender esta etapa en la vida de Mary, en donde se mezclan los problemas económicos -la editorial M.J, Godwin, no funcionó como se esperaba- y la mala relación con su nueva madrastra.


La infancia de Mary se vería enriquecida con la entrada sin restricciones a la nutrida y diversa biblioteca de su padre, en donde pudo empaparse no solamente de los clásicos de la literatura occidental, sino de ensayos, artículos y obras filosóficas, científicas y sociales que estaban causando revuelo en la época. Junto con el método de enseñanza que había diseñado su difunta madre, Godwin le consiguió una institutriz y una tutora para que le impartiera las clases necesarias durante el día. En la tarde y ya entrada la noche, Mary sería testiga de las largas discusiones que Godwin sostenía con personajes de la talla de Wordsworth, Coleridge, Lamb y Aaron Burr -vicepresidente de los Estados Unidos de América-, entre otros. ¿Quién sabe?, tal vez Mary pudo escuchar de viva voz, el poema sobre aquél mítico y viejo marinero, que tanto influenciaría las letras en el mundo.


En el año de 1811, siendo ya una adolescente, Mary pasaría seis meses estudiando en un internado de Ramsgate en Kent. Muriel Spark describiría en su famosa biografía de Shelley, las opiniones de su padre, comentando que Mary estaba convirtiéndose en una chica valiente, de mente abierta y ansias de conocimiento. Por su parte, Mary escribiría en su introducción a Frankenstein de 1831: “Mis sueños me pertenecían por completo; eran mi refugio cuando estaba aburrida, mi mayor placer cuando me encontraba bien”.


Un año después, en 1812, Godwin la enviaría a Escocia, para que conociera a los radicales de William Baxter, con quienes pasó al menos 10 meses de su vida, absorbiendo ideas filosóficas y políticas que influirían -como ella misma lo relatado en la introducción mencionada con anterioridad-, en la semilla que después florecería como su novela cumbre: El moderno Prometeo.


Los padres de Mary se habían unido en torno a ideas muy radicales para la época, en donde se atacaba la esclavitud, el patriarcado y las monarquías. Al fallecer su madre, el padre de Mary decidió inculcar estás ideas a sus hijas e hijos por igual, pero fue, tal vez, Mary quien más las aprovecharía, plasmándolas de manera inteligente no solamente en sus novelas y relatos de ficción, sino en sus traducciones, biografías y ensayos.


La mejor forma de celebrar a esta escritora que vivió en un tiempo de menos libertades, y que aun así se esforzó por comunicar ideas progresistas a través de los medios que encontró, es leyendo su obra, y comprendiendo su vida, que fue compleja y controversial.

Recomendaciones: Frankenstein o el Moderno Prometeo, Cuentos Góticos y Mary Shelley: A Ghothic and Liminal Life, de Muriel Spark.

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