umbrarum hic locus est

La dama de la casa del amor: Vampiros que se enamoran



Angela Carter fue una periodista y novelista británica que falleció en 1992, y que nos legó una prolífica obra literaria que toca el género fantástico, en donde profundiza a través de sus historias en las estructuras soterradas de nuestra sociedad, a la vez que expone temas a los que tuerce y reconfigura, para mostrárnoslos con una fresca originalidad.


Carter retoma los cuentos de hadas y los convierte en perversos. Sus obras La venus negra, La cámara sangrienta, La juguetería mágica, Varias percepciones y Niñas malas, mujeres perversas, son un claro ejemplo de una literatura compleja y de gran calidad. Desde relatos sobre niños lobo, Edgar A. Poe o la musa de Baudelaire, Carter nos comparte su visión de los miedos sociales y personales a través de sus historias.


Tal es el acercamiento que hace sobre las ideas fundamentales de la humanidad en su relato La dama de la casa del amor, en donde nos cuenta la historia de la última descendiente de Vlad el empalador; mejor conocido como Drácula. La Condesa es una vampira que vive aún en el castillo de sus terribles antepasados, “y ahora nadie se acerca ya a esa aldea al pie del castillo donde la bella sonámbula perpetúa sin remedio sus crímenes ancestrales”, en donde se pasa las horas sufriendo en soledad la pesada carga hereditaria que le prohíbe gozar de la luz del sol y de una vida normal. Es “... la perenne tristeza de una joven que es a la vez la muerte y la doncella”, como bien nos lo había explicado Edgar Allan Poe en su ensayo; no hay tema más hermoso para la literatura que la muerte de una mujer joven.


¿Puede un pájaro cantar tan solo la canción que sabe, o podrá quizás aprender una nueva?

Nos pregunta la escritora, haciendo una clara alusión a un tema muy debatido en cuanto al vampirismo, ¿cómo terminar con la maldición?, ¿pueden los muertos vivos sentir? ¿pueden gozar? Recordemos que los vampiros clásicos como el Nosferatu, carecen de esos atributos que tenían en vida, tal es el castigo, el exilio de lo que significa ser humano. Los caminos de la cultura y el arte han llevado a la figura del vampiro a una incesante ramificación de significados, en donde la idea original se ha perdido, ahora todo el mundo quiere ser vampiro, se han convertido en superhéroes.


De noche, nuestra vampiro caza animalitos del bosque, por el día, su cuidadora -una vieja muda- engaña a los paseantes y los lleva al castillo, en donde serán devorados, dejando “huellas ominosas como las que han dejado sobre las sábanas los amantes muertos”. El deterioro y la decrepitud acompañan a esta asesina que no quiere matar. Vestida de novia, por las noches espera a sus víctimas en su alcoba macabra, vestida con un negligé blanco manchado de sangre, mientras “en las mejillas de la condesa la sangre estará mezclada con lágrimas”. Estamos ante un monstruo que es también una víctima, y que busca a través del tarot, la liberación a su inmortalidad.


Al igual que Perseo en el relato de Jorge Luis Borges, La casa de Asterion, un joven militar inglés que está estacionado en la región, esperando la carnicería que vendrá con la primera guerra mundial, será el artefacto que libere a esta frágil bestia de la oscuridad. La valentía por ignorancia, la fe ciega en la ciencia y la casualidad, llevarán al joven al castillo y directamente a la recámara de la condesa. El amor a primera vista se mezclará con el deseo en un abrazo necrofílico cargado de un erotismo bien construido, en donde se describe a esta mujer de las tinieblas como de:


“… ojos negros, enormes, con esa expresión de absoluto desamparo de criatura huérfana de amor, casi le parten el alma, y sin embargo, se sintió turbado por su boca extraordinariamente carnosa, una boca de labios gruesos, llenos, prominentes, de un rojo púrpura vibrante, una boca mórbida. Más aún -aunque al punto apartó la idea de su mente- la boca de una ramera”.


Con elementos que nos refieren al Hombre de arena del gran E.T.A. Hoffman (1809-1822), la vampiresa ha caído presa del amor, y es recíproco. Él no le teme, pero como bien nos lo apunta Angela Carter, ya aprenderá a temblar en las trincheras. Lo sobrenatural huye, el imaginario de los pueblos está a la zaga, la ciencia y el positivismo dominan ahora. Los vampiros no existen, al menos no en el mundo de estos nuevos héroes.


El final no se los cuento, lean y juzguen. ¿Puede el amor sobrevivir, aunque los amantes no lo hagan?, el gran poeta inglés Dylan Thomas pensaba que sí, y lo plasmó en su obra And dead shall have no dominion:


They shall have stars at elbow and foot; Though they go mad, they shall be sane, Though they sink through the sea, they shall rise again, Though lovers be lost, love shall not; And dead shall have no dominion.

Un poema sobre la muerte, una idea que Carter y Thomas comparten, ¿se puede salvar el amor de la muerte?




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Citas:

Ilustración: Portada de Una temporada en Carcosa de Valdemar.

La dama de la casa del amor, Carter, Angela, en varias antologías.

And dead shall have no dominion, en Thomas Dylan, Collected poems, Phoenix paperback, 1998, UK.

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