Viernes de película: "A media noche tomaré tu alma"
- Abraham Martinez
- hace 4 días
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Actualizado: hace 3 días
Desde antes del streaming, de los videoclubes y de las repeticiones en televisión, los viernes son el día de la semana en que se estrenan las películas. La última vez que yo viví la anticipación, las largas filas y el no saber si alcanzarías boleto, fue en los últimos años del siglo XX. El mundo cambió, pero quedan en el recuerdo las emociones que causaba el adelantarse a esa primera función y ser de los primeros en disfrutar aquellas historias.
Volviendo décadas atrás, hoy los invito a regresar al Brasil de 1964, el mismo año en que inició una dictadura militar que duraría dos décadas, apareció en la pantalla grande uno de los personajes más emblemáticos del cine fantástico de ese país: Zé do Caixão, alter ego del director José Mojica Marins.
“A media noche tomaré tu alma” comienza con una bruja gitana que sosteniendo un cráneo nos advierte que regresemos a casa, que no veamos esta cinta. Para quienes ignoremos sus palabras, la cuarta pared se romperá de nuevo, pero ahora por un hombre de largas uñas, cabello, barba, ojos y ropa muy negros, quien porta un sombrero de copa. Él nos recita su credo: “¿Qué es la vida? Es el principio de la muerte. ¿Qué es la muerte? ¡Es el final de la vida! ¿Qué es la existencia? Es la continuidad de la sangre. ¿Qué es la sangre? ¡Es la razón de existir!” Se trata del nefasto protagonista de esta historia, el encargado de pompas fúnebres del pueblo, el mismísimo Zé. Él vive con su esposa Lenita, quien no pudo darle hijos. Es viernes santo y mirando la procesión de los devotos, se burla de la restricción de la cuaresma comiendo una sabrosa pierna de cordero. Deseoso de tener un hijo para garantizar la perpetuidad de su estirpe y vencer de verdad a la muerte, fija su atención en Terezinha, la prometida de su amigo Antonio, pero ella rechaza su acoso. Zé se va a la cantina local, pero no a ahogar sus penas en alcohol, sino en sangre. Pide un vaso de vino y después se sienta a la mesa a jugar a las cartas con un grupo de parroquianos, quienes aunque renuentes, le temen lo suficiente como para no negarse. Con extraordinaria buena suerte, Zé gana la mano y su contrincante literalmente la pierde: tras negarse a entregar el dinero apostado, Zé rompe una botella y le cercena los dedos delante de todos, para luego ordenar que traigan al médico, que el pagará la curación. Después de obligar a Bonifacio a comer carne en semana santa, y de acosar a María, la empleada del local, uno de los vecinos exige al sádico libertino que la deje en paz, por lo que se enfrentan, pero al parecer cuando el sepulturero se enfurece, sus ojos se inyectan de sangre y adquiere fuerza sobrehumana, demostrando por qué es temido en esa localidad donde su reinado de terror es incuestionable.
El festín de violencia lo lleva a una serie de deducciones: ya que Lenita es infértil, debe deshacerse de ella; y debido a que una mujer solo puede pertenecer a un hombre, después de eso deberá asesinar a Antonio y así poseer a Terezinha. Pero para este personaje que lo sobrenatural es solo superstición, las cosas tomarán otro rumbo más pronto que tarde.
Zé do Caixão jamás dejó la pantalla grande ni la chica: hubo dos secuelas y el personaje fue presentador de cine de género en TV durante veinte años, por lo que si conoces a esta institución del cinema carioca, te recomiendo que empieces tu fin de semana en fabuloso blanco y negro. Eso sí, asegúrate de que la media noche no te alcance en su compañía.





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