El hombre y el monstruo

Siguiendo con nuestras recomendaciones de películas viejonas, hoy toca el turno a un clásico de horror del cine mexicano. Los reto, si acaso tienen el aplomo suficiente para hacerlo, a enfrentar el terrible horror que les provocará...


"El Hombre y el Monstruo"

México, 1959. Dirigida por Rafael Baledón.


¡Ésta película es una gozada! Producida a traves de la casa productora de Abel Salazar, y como no, protagonizada por él mismo junto a Enrique Rambal, Martha Roth y una inquietante Ofelia Guilmain, "El hombre y el monstruo" nos narra la historia de Samuel Magno, un pianista qué, conducido por la envidia que sentía de una hermosa pianista mucho mejor que él, le vende su alma al diablo para ser el mejor... desafortunadamente el muy pendejo no lee los términos del contrato, donde clarito dice (aunque eso si, con letra muy pequeñita), que cada vez que toque el piano ¡se habrá de transformar en un horrendo monstruo!


Y pues bueno, todo el desmadre empieza cuando, después de muchos años de retiro, se prepara su regreso a los escenarios. Un empleado de la productora del evento es enviado a asegurarse de que todo esté en orden y se encuentra con la sorpresa de que el gran maestro no tocará, sino que será su hermosa pupila la que lo hará, aunque si se dignará en dirigir la orquesta. Lo malo es que, durante la estancia del productor en el pueblo, se suceden varios hechos extraños, que lo llevaran a andar de metiche, metiéndose en lo que no le importa (aunque lo que pasaba es que ya le había echado el ojo a la discípula) y acabará enfrentándose con un horror tal como el ser humano jamás lo había conocido.


Es una producción muy barata, aunque tiene su atmósfera. La música usada es maravillosa, desafortunadamente lo que le da en todititita la madre es que no se cuidó para nada la apariencia del "Monstruo" ¡es risible! Creo que eso arruina el ambiente. Además está el hecho de que se trata de una película destinada al consumo de las masas, es decir, no hay casi aportaciones personales por parte del director y sólo se ofrece aquello que el público mexicano de la época estaba más dispuesto a consumir.

Es destacable, como sea, la actuación de la Ofelia Guilmain y la relación que se establece con el personaje de Enrique Rambal, consigue transmitir el patetismo que supone la condena de un ser amado, y como éste amor es capaz de llevarte a aceptar incluso las facetas más horribles de quien amas.


Está buena como entretenimiento, ¡la música es maravillosa!, aunque ciertamente, jamás logra inquietar demasiado.


--Shoggoth del Celuloide.

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