Elizabeth, mi amada....por G.E. Symonds

Seguía recordando que era imposible que Elizabeth siguiera ahí, en la casa. ¿No la había enterrado en el sótano, la noche anterior?. Aún así, estaba en cada cuarto, cada parte de la casa a la que fuese, había una presencia en torno a él. Su piel sufría espasmos, y sus manos comenzaban a temblar, quería llorar en la vacuidad del aire.


La voz de ella regresaba claramente: "George, trae el carbón". "George, esos platos no se lavarán solos", o "No George, no vas a ir a ese bar con tus amigos, ellos pueden pasarla bien sin ti".


Amada Elizabeth, siempre tan magistral, la fortaleza que tenía martilleaba la vulnerabilidad de George al suelo, haciendo que este cajero de Banco, temblara en sus zapatos, escabulléndose para cumplir con las exigencias de su ama. Pero, Elizabeth, no estaba en el sótano, ¿verdad?, la enterró ahí, pero aún estaba aquí, con su grasosa astucia, aún persiguiéndolo, acosándolo más allá de la muerte. George se sentó en la silla, encorvado sobre el fuego, en un intento vano de encontrar calor y confort, tratando de olvidar a Elizabeth, pero ella no lo permitiría.


Dios, ¿qué tendría que hacer él, si ella no se iba, si se quedaba por siempre ahí?, George recordó su cara bajo el agua ---donde él confiaría cuando ella estuviera tomando un baño --- sus ojos vacíos observándolo, acusándolo. El agua estaba llena de jabón y mugre, las burbujas se formaban en la superficie, y Elizabeth, la amada Elizabeth acostada en el fondo. Para ser una mujer grande, no opuso tanta resistencia. ¡Gorda, sin forma, con un cuerpo horrendo flotando ahí, en el agua como un animal hinchado!. Él retorció su cara en una máscara de disgusto, y escupió hacia dirección del fuego, un ruido fuerte fue la respuesta. Elizabeth venía por las escaleras.... Nada era más cierto, no había necesidad de escuchar o ver algo; podía sentirla. Elizabeth venía por las escaleras...Él brincó, tomando sus manos en un vano intento de parar su temblor, sabiendo que la vería si se quedaba unos segundos más, deseando apagar el interruptor de la luz, para evitar verla. Había un ruido...un ruido goteante. Resultaba difícil identificar para su mente confusa, que estaba intentando desesperadamente encontrar algo sólido a qué aferrarse, o deslizarse y precipitarse a las profundidades de la locura y el oblivion. Era agua...agua corriendo por las escaleras. Agua corriendo de un escalón a otro. Agua corriendo, en la madera, hacia abajo, con cada paso hasta que finalmente caía en el azulejo de abajo. Agua que corre desde el cuerpo de Elizabeth....


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