Festival de relatos - Al otro lado de la barrera del desvelo

Actualizado: feb 12

Si bien en el Círculo nos dedicamos con orgullo a difundir la cultura de horror, entedemos la importancia de combatir el miedo cuando este se vuelve una amenaza real. Es por eso que hemos decidido ofrecerles esta ligera distracción que de paso enriquece nuestro contenido. Tres colaboradores de esta página, cada uno de manera independiente, han escrito una microficción o relato a partir de la misma imagen, obra del reconocido ilustrador Stefan Koidl.


Puedes colaborar votando por la versión que más te guste en la encuesta que encontrarás en el grupo y escribiendo la tuya en los comentarios.

Iä, iä.


Versión 1

Por: Phoenix Sandiego

23 días de huelga. Ulay formó un grupo de los menos productivos para que marchara hacia Belgrado mientras los demás permanecíamos en la mina. Nunca había sentido tanto frío, pero Vasili dice que esto es solo el comienzo.


Día 26, Pavel me ha dado una palmada en la espalda, el nunca hace eso, pero fui quien descubrió la veta de mercurio. Algo me dijo que siguiera picando y ahí estaba, la muy maldita brotó como leche plateada cuando le perforé la teta.


Febrero 2 de 1989, es mi cumpleaños. Me trajeron una crepa que hizo Joseph el cocinero. En vez de una vela, le pusieron un cigarro. Me han cantado una canción Serbia y después me dieron una paliza. Yuri orinó en mis botas y Carl, el americano se comió mi crepa. Me levantaron y me ordenaron seguir cavando. Ulay me obsequió una pequeña botella de vodka, dice que es de las que dan en los aviones y hoteles en Europa. Me dijo que la bebiera y la tirara y que si le contaba a alguien me haría pedazos a patadas.


Mis manos están estriadas de tanto palear. Hoy enterramos a Cristoph en el valle, era viejo y solo cayó mientras trabajaba. Creo que es aún febrero pero no sé si han pasado 2 días o una semana. Quiero escribirle a mi madre y a Nahila. Tengo un poema que quiero enviarle.


Hoy es el día de San Valentín, he enviado un poema a Nahila, dice así:


- He mantenido la vida por lo que me has entregado


- El sudor de tu paciencia, el perfume de tu abrazo


- ¿Nos volveremos a ver? No lo sé, no lo he pensado


- Si he de salir de esta cárcel a ti me habré consagrado


Febrero 17 de 1989, al escavar Igor descubrió una tumba o algo así, Ulay no nos ha dejado ver que había ahí, pero al parecer el Ruso excavó una tumba. Hay un cofre con basura y fotografías. Todos trataron de ver que era pero Ulay les ordenó gritando que volvieran a trabajar y así lo hicimos. Mirk nos dijo durante la cena que vio un convoy acerándose a la mina, Mirk es el encargado de mantener a los lobos a raya y de traer carne de venado y puerco. Dice que mañana se va a largar.


Ulay confiscó la radio, dice que la compañía prohibió a los empleados escuchar las noticias pues menguan la producción. En el valle hay un destacamento de soldados, Ulay fue a dialogar con ellos y volvió con una cara de pocos amigos. En el periódico de hoy dicen que el Ayatola de Irán, ha puesto precio a la cabeza de Rushdie por escribir en contra del Islám… A mí me gustó su libro.


Marzo 1 1989 Un grupo de soldados llegó esta mañana al campamento, nos registraron sin identificarse, pero sus rifles valían más que cualquier credencial. Dijeron ser aliados de Milosevic, pero parecían Árabes. Se han llevado arrestados a varios camaradas mineros con apellido judío.


Hoy es 27 de marzo de 1989, no había escrito en semanas pues tenía miedo de que encontraran mi diario. El día es muy bello, la primavera ha comenzado aquí pero en América se ha derramado un petrolero. Dice el diario que pasaran años para poder limpiar el aceite de las costas. Hoy se llevaron a varios camaradas, los condujeron con amabilidad hacia el bosque, después se escucharon disparos pero a nadie nos importó porque eran musulmanes.


28 de marzo. Un evento extraño, una nevada en marzo no es algo frecuente. Todos queremos estar en la mina pues el frio afuera es insoportable. Los serbios comenzaron a colgar a nuestros camaradas, yo pude esconder a Mustapha en uno de los casilleros. Dicen que mañana volverán, pero Ulay decidió cerrar la entrada. Hay un venado merodeando la boca de la mina, Mirk dice que lo cazará para poder cenar ésta semana. Ya no tengo tinta, espero que me puedan traer más tinta y papel pronto.


Versión 2

Por: eduardo napoles


Los meses pasaban pero el invierno nunca terminó, sin comida ni esperanza y con un frío que quemaba hasta los huesos decidimos abandonar este agonizante mundo.


Versión 3 por: el juez


Cuando acaba la resurrección


Batía la nieve al avanzar. Nunca había escuchado un ruido tan estridente. Barrió la hojarasca en la cuneta con las pezuñas, dientes de león desarraigados por los gélidos vientos, hinojo y otras malas yerbas y trigo quemado por el frío. Algunas se podían comer, otras era mejor evitarlas. A veces se acostaba sobre aquella piedra inacabable y sentía con sus astas la dureza en un costado de la cabeza mientras desde el otro vigilaba con un ojo el cielo gris. Era fresco para su lomo si hacía frío y cálido si el sol era intenso.


Los había visto algunas veces durante su larga vida, no los recordaba pero aún así sabía quiénes eran. Sabía también que había estado con una hembra tan hermosa como fuerte y ellos se la llevaron a donde ya no podía escucharla. Hacían ruido, mucho ruido, y aunque a veces también hacían el sonido de la hembra, ya no hacían ese ruido y nunca había escuchado tanto como esta ocasión.


Cuando los sentía por su olor o por sus pasos saltaba los arbustos y corría bombeando con su poderoso corazón a la sombra de los pinos más altos, entre la lluvia y la niebla del alba. Algo cambió, no supo cuándo pero algo había cambiado. A veces era el más veloz y otras lento como las hojas meciéndose en la brisa. Lo era cuando tenía que decidir algo diferente, y ahora todo era diferente, así que tardó mucho en salir del bosque.


Cruzó riscos hasta llegar a un inmenso lago de agua amarga que hacía un sonido como el viento, con orillas que se tragaban el peso de sus patas. Todo era más grande fuera del bosque, más grande que el bosque. Atravesó túneles de árboles petrificados y había más sonidos que no se parecían al canto del viento ni a la lluvia ni a las voces de las aves nocturnas. Era incomprensible como todo lo demás que habitaba entre esas raíces rígidas y estériles.


Los vio a través de un claro, huyó, se movían y eran tan grandes y a la vez pequeños e irradiaban. Se tardó mucho en regresar para verlos de nuevo, hasta que comprendió que no eran ellos, que de algún modo se parecían como cuando imitaban el sonido de la hembra o se volvían invisibles entre el follaje pero que eran como sombras blancas que actuaban, reflejos en un estanque de vértigo. Siguió andando, a veces se alimentaba del amarillo césped que se abría camino por grietas en el ardiente tapiz de esa desolación que era todo menos silencioso.


Y de pronto, un día tangente a la memoria del mundo, sin que nadie, ni ellos ni ninguna otra criatura hubiera podido adivinarlo, algo se iluminó en su mente tan simple cuando por fin los encontró, eran ellos pero ya no le atemorizaban pues vivían como las plantas, que están vivas pero no pueden caminar y sin embargo cambiaban, se abrían, reventaban como bayas bajo sus pasos, se alteraban sin cambiar de lugar, estaban ahí pero de algún modo no estaban. Antes, cuando aparecían y luego se iban y no volvían a aparecer en larguísimos períodos, era como si para él hubieran muerto, así que siempre revivían, ellos eran diferentes porque podían revivir. Pero esta vez no, ya no lo harían más, ya no eran tan diferentes. Y un milagro llevó al siguiente en el perímetro de su percepción rudimentaria, era un instinto que salía del escondite de su capacidad de sentir, donde había permanecido desde el principio del tiempo siempre idéntico a sí mismo en que existía. A ellos, Otros que no podía oler ni escuchar ni sentir, los habían cazado como antaño ellos lo habían intentado cazar a él.




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