Historias del abuelo

Actualizado: ene 26

La culpa es uno de los sentimientos más dañinos, y Charlie estaba embargado de ella. Los años en la universidad lo fueron alejando de la casa de sus abuelos, la casa que tanto anhelaba en su infancia y donde pasó tantos veranos felices cuando niño. Su abuelo, entonces un hombre fuerte, jugaba todas las tardes con él, ambos se enfrascaban en aventuras disparatadas, conquistaban reinos perdidos en el bosque, rescataban princesas y derrotaban piratas.


El abuelo siempre tenía historias increíbles que le contaba, parecía que nunca se le iban a acabar, pero al llegar a la adolescencia, Charlie cambió. Dejaron de gustarle las hazañas que el viejo le contaba.

El último verano que pasó en la casa de campo, su abuelo se acercó y le dijo:


-Vamos Charlie, necesito tu ayuda. Hay un enorme dragón que ha estado rondando el bosquecillo cerca del lago, he estado esperando por ti toda la primavera para que me ayudes a atraparlo, si lo capturamos nos entregará un huevo de oro y…


Charlie lo interrumpió secamente.


-Abuelo, ya no soy un niño, esas historias son estúpidas, no hay dragones, no hay hadas y no hay piratas. No quiero jugar más.


-Pero Charlie, mira, te he hecho este sombrero anti-dragones, si te lo pones no te podrán dañar, vamos tengo el bote listo.


El abuelo intentó ponerle el sombrero en la cabeza a su nieto, estaba hecho de cartón y tenía dibujos pintados en tinta china, pero Charlie se lo arrebató, lo arrugó entre sus manos y lo arrojó al suelo.


-Déjame en paz abuelo, voy a jugar con mi GameBoy.


Charlie se alejó caminando hacia la casa, le dijo a su madre que estaba aburrido y quería volver a la ciudad para pasar el verano con sus amigos de la escuela. No vio cómo su abuelo se había quedado sentado en un tronco desarrugando el sombrero.


Muchos años pasaron, ocasionalmente le llamaba a su abuela pero sólo un par de veces los visitó.

Su abuelo había estado enfermo durante mucho tiempo, Charlie se excusaba por no poder visitarlos a causa de su demandante trabajo. Hasta esa mañana triste en que recibió una llamada de su madre diciéndole que su abuelo estaba agonizando.


Charlie no alcanzó con vida a su abuelo, cuando llegó al pueblo ya el cuerpo cansado del viejo estaba en la funeraria.


Al día siguiente bajó a la cocina, su abuela estaba preparando el desayuno, él la abrazó y comenzó a sollozar.


-Calma hijo, tu abuelo siempre te amo. Lo último que hizo fue escribirte ésta carta, me pidió que te la entregara por si no alcanzabas a verlo con vida.


Charlie no desayunó, tomó la carta y salió hacia el embarcadero. Ahí estaba el bote amarrado, el bote que tantas batallas libró en el mar de sus recuerdos. Ahora el lago se veía pequeño pues con los años el agua había disminuido.


Charlie subió a la embarcación y se dirigió al centro del pequeño lago, el que en sus recuerdos parecía un inmenso océano. Abrió el sobre y encontró el sombrero de cartón junto a una carta. La caligrafía era difícil de leer, pues denotaba que había costado un gran esfuerzo el escribir la misiva, pero Charlie pudo entender.


"Querido nieto.

Creo que no me queda mucho tiempo, así que debo entregarte tu sombrero anti-dragones. En estos últimos años me ha servido de maravilla, ni una vez pudo el monstruo dañarme, así que tengo plena confianza en que te servirá a ti y quizás algún día se lo puedas entregar a otro guerrero. Me voy de este mundo feliz de haber compartido tantas epopeyas contigo, espero que nunca dejes de soñar y veas que el mundo allá afuera es pura magia.

Te quiere, tu abuelo."


Charlie comenzó a llorar, se colocó el sombrero y miró a su alrededor, esperaba ver el inmenso mar, esperaba ver algún barco pirata acercándose o alguna sirena que llamara desde las rocas. Pero no vio nada de eso. Era sólo él, un hombre que había perdido sus recuerdos, lleno de tristeza comenzó a remar hacia la orilla, era claro que el dragón no podría atacarlo ya, pues el dragón igual que su abuelo, estaba muerto.


- Phoenix Sandiego




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