Harrow County

Supongo que todos los niños y jóvenes adolescentes han soñado con tener una habilidad especial. Alguna especie de súper poder que los ayude a resaltar del resto de los humanos y alzarse como un halo de luz en la oscuridad de la noche para guiar a sus hermanos y hermanas hacia un futuro mejor para todos.


Y por supuesto, otros soñamos que los tenemos para abusar de ellos y oprimir a los demás.

La primera vez que me describieron Harrow County, de inmediato hice una conexión en mi cabeza: It's a good life, de Rod Serling, televisada en el mejor show de antología de todos los tiempos, The Twilight Zone. Si, lo conoces, es el episodio donde Billy Mummy es un niño con poderes mentales (casi divinos) que aterroriza un pueblo del centro de los Estados Unidos de América. ¿Como iba a perderme un cómic donde una niña descubre que es la reencarnación de una bruja en un pueblo rural del mismo país?


Cullen Bunn nos muestra una historia donde la joven Emmy (a punto de cumplir sus 18 años) se encuentra atormentada por pesadillas, donde una turba iracunda cuelga, le dispara y quema a una bruja llamada Hester Beck. Las pesadillas se presentan gradualmente en su vida, así que eventualmente se vuelven parte de su día normal en la granja de su padre. En una ocasión, su padre le informa que los terneros recién nacidos van a morir, por una enfermedad. Emmy toca a uno, y se cura de inmediato. El padre se da cuenta de que algo anda mal.


Emmy es víctima de un ataque, donde casi todo el pueblo de Harrow County (incluido su padre) se encuentra involucrado. La historia de la bruja era verdadera, solo que cuando la bruja murió, del mismo árbol donde la colgaron, broto un pequeño bebé, el cuál fue adoptado por uno de los granjeros (seguro ya adivinaste cual). El pueblo estuvo de acuerdo en deshacerse de la niña si causaba problemas, y se mantuvieron a distancia, pero observando, siempre observando, cuidando que la niña tuviera visiones o realizara algún milagro. Después que su poder se manifestó Emmy juró que su intención era diferente a la de Hester Beck. Ella ayudaría a la gente del pueblo, pero sin usar sus poderes para el mal. Emmy perdonó a todos los involucrados (con la excepción de unos pocos que la atacaron, incrédulos de que la bruja pudiera hacer el bien) y se dispone a tener una vida “normal”.

Resulta que Harrow County es un lugar donde los seres sobrenaturales (llamados Haints) se crean de la nada y constantemente (Hester Beck nació del barro mismo del pueblo) y la mayoría de los Haints le deben lealtad a la bruja (ahora, Emmy).


Emmy, armada con sus poderes (los cuales puede usar a voluntad, pero evita en la medida de lo posible, muy similar al caso del Reverendo Jesse Custer en Preacher) y con su familiar (una de las criaturas mas impactantes que he visto en los últimos años, se trata de un niño sin piel. La piel del niño se queda con Emmy y le informa en todo momento de lo que el cuerpo sin piel ve y escucha) se da a la tarea de enfrentarse a la consecuencias de aceptar su linaje, pero negando su legado. La historia se va desenmarañando de maneras poco convencionales, pero a través de recursos conocidos. Cullen Bunn sabe exactamente a donde desea llevarnos.


Tyler Crook por otro lado, tiene un estilo de dibujo muy extraño. En ocasiones me recuerda un poco la gran Mike Mignola (lo cual no es de sorprender, ya que ha trabajado ilustrando Hellboy) pero usualmente me recuerda mas a los dibujos de Eiichiro Oda en su laureado manga One Piece. Solo que lo que Eiichiro Oda nos da con una sana dosis de humor y acción, Crook nos lo receta en horror puro. Las rostros acartonados se ven graciosos en los fondos de la granja de Emmy y en su habitación, pero no tanto en el bosque oscuro donde habitan los Haints. El arte y sus contrastes son, sin duda, el punto mas alto de esta obra.


Para nuestro beneplácito, esta es una serie que aun se encuentra vigente. No pude encontrar si tendría un número fijo de ediciones y parece, por las buenas críticas y subsecuentes buenas ventas, que estará con nosotros un buen rato.

Y eso espero. Por que estoy absolutamente seguro, que 23 números no le van a durar nada a ninguno de ustedes.


Por: Javo Monzón.

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