La joven ahogada

El siguiente artículo es una reseña de la obra The drowning girl (La joven ahogada), de Caitlín R. Kiernan, leída y discutida en la LXIII Celebración del Círculo Lovecraftiano & Horror.


Ella se acerca con sigilo a la ventana, y mira la arena, Y más allá de la arena, al mar; Y sus ojos están fijos en un punto; Y en breve profiere un suspiro, Y en breve derrama una lágrima, De un ojo nublado por las penas, Y un corazón cargado de amarguras, Un largo, largo suspiro; Por los fríos y extraños ojos de una joven sirena…

Archipiélago de reflexiones sobre una historia tan grande como el mar.


Este es el libro sobre India Morgan Phelps, alías Imp, una chica de Providence, Rhode Island, diagnosticada con esquizofrenia paranoide que pretende contarnos una parte de su historia, algo de su infancia, de su familia y sus experiencias con fantasmas y otros seres sobrenaturales. Para hacerlo se servirá de la perspectiva de su máquina de escribir, de sus reflexiones, colección de afiches y fotocopias que son las piezas de un collage fabricado más con sus anhelos, miedos, pasiones y relaciones personales ¿Mencionamos que Imp pinta, que se considera más pintora que escritora? No, pero es importante, que pinta, queremos decir. Y lo hace bastante bien. Imp también tiene su propio repertorio de lo que ella llama “hechizos”, y lo relaciona con los memes (no las imágenes de internet las cuales son apenas un espécimen, sino en el sentido más genérico que le daría Richard Dawkings a ese vocablo) “contagios de pensamiento especialmente dañinos, contagios sociales que no necesitan virus o bacterias huésped, transmitidos de mil formas distintas”, le explicará Imp a todo el que se decida a profundizar en su historia.


Y es que la profundidad, esa palabra mágica, es la palabra clave para entender esta novela. La profundidad de sus descripciones, de sus personajes, de los retratos que la autora hace de ellos es tan vasta como las honduras oceánicas y las multiformes transustanciaciones de las especies que en ellas viven. Es un libro que parece escrito en el fértil devónico, que retrata los cálidos vaivenes de un caleidoscopio con el poder de revelar la verdadera identidad de lo invisible a los ojos humanos pero no a los de la mente creativa, y nos impregna, como el agua, de la diversidad de la prosa poética igual que un cuerpo ahogándose absorbe por todos sus orificios el líquido que lo acarreará con pesadez hasta el fondo de su propio final. Aferrándose al timón de nuestra curiosidad (de nuestras almas) el libro nos gobierna, nos rige y nos manda hasta el naufragio de trepidantes apogeos por todas las posibilidades de su historia que no figuran una línea recta, ni siquiera un conjunto de líneas arborescentes, con el argumento, sino que son inmensas y crueles circunvalaciones tan abiertas como los 7 mares, destellos de la enfermedad de Imp. Los complejos coloridos de los cardúmenes causales y otra caterva de viscosas criaturas acuáticas que se apoderan de los hechos, y la compuesta multiplicidad a semejanza de millares de heráldicas distintivas que se suman en las descripciones de este libro, componen infinitos vitrales psicológicos que incluyen todo el rango cromático de la literatura que sólo los más audaces novelistas osan señalar (sin esconder los infrarrojos monstruosos y los fantasmales ultravioletas de la locura), y aun así, su autora jamás soslaya la concisión mecánica de regalarnos con detalles cotidianos, como la música que lleva un carro al pasar por la calle y que entra por la ventana para interrumpir un diálogo al mediodía, o a la protagonista y su novia sentadas en el suelo comiendo cereal Trix de limón para ver las repeticiones de caricaturas noventeras.



Las sutiles vacilaciones de una mente brillante y enferma, la de Imp, se nos presentan como referencias incontables al mundo literario (Carroll, Mellville, Poe, Yeats, Shakespeare, Lovecraft, por supuesto, y un larguísimo etcétera), muestra de la amplia cultura de Kiernan, cuyas prolíficas y rítmicas representaciones aprehenden como las mejores pinturas de un artista genial los tiempos más dotados de sensibilidad en la trama. Porque lo importante no es sólo el argumento sino cómo nos lo cuenta, cómo lo enriquece con cada pincelada del lenguaje en cada línea. No es lectura para los impacientes ni para el público apóstata de las reflexiones entremetidas en una historia, de los aforismos subjetivos de los personajes que, para solidificar los creíbles rasgos de su existencia, nos son inventariados en todos los relatos bien ejecutados en primera persona. Como las acuciantes obsesiones de Imp, que por su problema se ve obligada a enumerarlo todo y a relacionarlo todo (aritmomanía y apofenia), haciendo volar su atención desde las extrañas apariciones de las cuales es un testigo pasivo, a la obra de pintores excepcionales para encontrar, como ninguna persona cuerda lo haría, la conexión oculta.


Los significados simbólicos embebidos en esta acuarela de palabras, de bien logradas voces a través de cuentos hechos por la protagonista (pues Kiernan escribe lo que sus personajes escribirían), son otro aspecto importante que el lector debe conquistar junto a ciertos misterios. Diremos sin embargo que el agua, elemento arquetípico de la naturaleza, puede ser asociada con el género fluido de Kiernan y de quienes pueblan sus obras. Tampoco le podemos negar una cualidad redentora, dual si tomamos en cuenta que los abismos marinos son una alegoría de lo desconocido y acaso diabólico.


No sabemos lo que pensaría Oscar Wilde de este libro pero podemos imaginar que le habría gustado, pues todo es un juego de la imaginación, y así como la vida proviene del mar, lo que imaginamos entonces no procede de otra parte. Tejida compilación de ficciones que nos recuerda que no somos ceniza, polvo que al polvo retornará, sino agua que algún día, cuando los eones se apaguen, volverá a los grandes líquidos en donde toda vida comenzó. Y así como toda vida es una sentencia de muerte, todo inicio, representa el augurio de un final.



- Isidro Morales "El Juez"

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