Pesadilla Colectiva

Queridos cofrades, hoy en nuestra nueva sección Pesadilla Colectiva, les traemos la primera de dos partes del cuento donde los personajes son integrantes de nuestro grupo Círculo Lovecraftiano& Horror. El escritor conocido en el bajo mundo como El Barrendero Fantasma, se ha deleitado torturando a sus víctimas. Esperamos que lo disfruten y estén atentos para la segunda parte.


Killer Lines


A las seis de la mañana, Isaac salió por el sombrío vestíbulo de la agencia telefónica de cobranzas donde cubría el turno nocturno en Killer Lines, donde los empleados trabajaban haciendo llamadas amenazantes a los clientes de crédito morosos, muchas veces usando técnicas de persuasión cuestionables. A las mujeres les sugerían prostituirse y a los hombres les recomendaban vender un riñón para poder pagar sus adeudos; “Señor Morales, si usted no puede liquidar su crédito, hay empresas que pagan buenas sumas por un órgano saludable… Considere que usted tiene dos riñones y un atraso de ocho meses en sus pagos, yo mismo le podría asignar a un asesor… cuide el patrimonio de su familia”.


Aunque los clientes se quejaban ante las autoridades, legalmente Killer Lines no era responsable del maltrato psicológico que sufrían los receptores de dicha tortura, y aunque algunos de los operadores telefónicos hacían su trabajo con un gusto que rayaba en lo psicopático, la mayoría de los empleados solo duraban un par de semanas y renunciaban al sentir que eran partícipes de una actividad criminal que en algunas ocasiones empujaba a los deudores al suicidio… Y era precisamente aquí donde entraba Isaac, a diferencia de sus compañeros, él cubría un área de la compañía disfrazada como altruista. Isaac Oropeza era el encargado del departamento de control de suicidios. Atendía llamadas de gente desesperada -la mayoría, clientes que recibían acoso constante de Killer Lines- y que estaban al borde de quitarse la vida a causa de sus deudas. Esto obviamente no era por filantropía, Daniel Enríquez el dueño de Killer Lines, sabía que si sus clientes se quitaban la vida, era un mal negocio, así que ideó varias formas de mantener un constante flujo de efectividad en la cobranza, al ser propietario de varios burdeles en la ciudad, contrataba mujeres de su lista de deudores, las explotaba con promesas de liquidar sus cuentas, lo cual era una falacia pues ya cuando eran sus empleadas, encontraba la forma de engrosar sus saldos negativos haciéndolas permanecer a la fuerza en su nómina. Con los hombres era más sencillo, una transacción rápida.


Durante un viaje de negocios a Colombia, Daniel conoció a un joven brillante y con muchos contactos por todo Bogotá; su nombre era Iván Currea, quien creció en un pequeño pueblo con grandes esperanzas de convertirse en defensor de los derechos humanos, pero tras pasar muchos tragos amargos en la capital de su país, se dio cuenta de que el mundo estaba podrido. Decepcionado,comenzó una vida criminal que lo llevó a convertirse en el jefe de la banda más poderosa de compra y venta de órganos en el mercado negro. Los ricos pagaban cualquier suma por prolongar sus patéticas existencias y los pobres, especialmente los que estaban endeudados, hacían lo que fuera por tratar de salir de la miseria.


Daniel comenzó a proporcionarle los órganos que enviaban desde México, Iván solo hacía los tratos con personas de la alta sociedad en Estados Unidos y Europa.


Isaac llevaba una semana trabajando en cobranza cuando el supervisor Rick Vega se dio cuenta que el joven era demasiado honesto y agradable con las insolventes víctimas de la bancarrota. Pero en vez de despedirlo, ideó un plan. Semanas antes Daniel le comentó que estaba harto de que la gente se muriera sin pagar y Rick le sugirió lo de la línea de prevención de suicidios; “Rick… es la mejor idea que has tenido, si esto funciona te nombraré mi propio Obergruppenführer”. Y así fue como Rick se convirtió en la mano derecha de Daniel, pues al elegir a Isaac como “control de perdidas” (como lo llamaba en secreto) el número de suicidios en los clientes bajó, aunque la calidad de vida de los mismos bajó aún más.


Isaac se dio cuenta de que era un peón en la maquinaria malévola de la empresa, como era el único empleado que se quedaba en el edificio por las noches, escuchó a Daniel y a Rick hablando del tema y después de oír las tétricas historias de muchos de los que le llamaban, decidió que tenía que hacer algo para desenmascararlos.


Bryan Pichardo se encontraba sentado en una mesa del café “El Paladín” ubicado en el centro de la ciudad, estaba esperando encontrarse con el misterioso sujeto que le envió una nota en la cual se leía:


¿Quieres acabar con KL? Yo sé cómo, encuéntrame en El Paladín.


Rogelio


Bryan había trabajado como reportero varios años, era honesto y eso le creó constantes choques con hombres de negocios y políticos corruptos, se había metido en tantos problemas que su propio jefe en el periódico se vio obligado a despedirlo por las constantes amenazas que recibían.


Meses atrás había escrito una editorial acusando a Daniel Enríquez de prácticas ilegales de cobranza, lo que le costó una golpiza por parte de los hombres de Rick Vega en un callejón oscuro y a su jefe un una visita “de cortesía” donde Rick le pidió no volver a meterse con el Señor Enríquez. Al verse desempleado y aprovechando su habilidad como investigador, comenzó a trabajar como detective privado. La mayoría de sus clientes eras personas que querían saber si sus parejas les eran infieles, una basura de trabajo pero pagaba la renta.


Estaba distraído viendo los mensajes de su celular cuando un hombre corpulento se sentó sin avisar a un lado de él, lo que ocasionó que se sobresaltara, el hombre no se presentó y comenzó a hablar.


-Tengo un contacto adentro que me ha pasado información concerniente al mercado negro de órganos y la trata de personas.


-¿Eres Rogelio? Yo… eh…


-No digas mi nombre, escucha y no tomes notas- le dijo poniendo su enorme mano sobre la libreta que Bryan iba a abrir.


Rogelio estaba enfundado en una gabardina con la capucha puesta y lentes oscuros que le escondían casi todo el rostro, solo una gran cicatriz que cruzaba toda su cara en diagonal era perceptible. Le explicó la verdadera naturaleza de Killer Lines y terminó diciendo que era un negocio redondo.


-¿Cómo has obtenido estos datos? Tenemos que hablar con la policía.


-Ya te he dicho que tengo un contacto, la policía está comprada por Enríquez, tenemos que acabar con él nosotros mismo.


-¿Qué pretendes hacer, por qué me cuentas todo esto?


Rogelio hizo una mueca burlona, se quitó los lentes oscuros mostrando sus ojos uno de los cuales estaba totalmente blanco, la cicatriz iniciaba ahí.


-Tengo muchos años persiguiéndolo. Casi lo mato en 1990 pero logró escapar, me dejó por muerto y con esta cicatriz como recuerdo.


Bryan no pudo evitar reírse, era claro que Rogelio estaba confundido, Daniel era muy joven para haber sido un rival hacía casi tres décadas.


-¿Es broma? Daniel no pasa de los treinta, es uno de los empresarios más jóvenes del país.


-Siempre ha estado aquí- dijo Rogelio golpeando la mesa. –No es lo que ves, sino lo que está dentro de él. Es más viejo que los tiempos, un parásito que se alimenta de la maldad de la gente. Cuando lo enfrenté, era un criminal de guerra con el nombre de Raznatovic, antes de eso fue un mercader de esclavos en Camboya.


-¿A qué te refieres? ¿Cuál es su nombre?


-No tiene nombre, solo miles de formas, ha caminado por las estrellas nutriéndose del caos. En la tierra cosecha la maldad desde tiempos inmemoriales, es un gusano con miles de cabezas pensando al unísono, pero siempre debe tener un huésped principal. Ese huésped es Daniel Enríquez y lo vamos a aniquilar.


Bryan se puso de pie y recogió sus pertenencias.


-Te agradezco haberme contado lo de Killer Lines, pero esto no tiene sentido… Daniel es un déspota sí, pero tú estás hablando de posesiones diabólicas sacadas de libros de horror.


Rogelio le tomó la mano y puso en ella una tarjeta.


-Si fuera el diablo bíblico sería algo bueno, esto es peor. Este mi número privado, ya me llamarás.


Confundido caminó hacia su casa. Al llegar a la puerta un joven lo esperaba en la escalera.

-Buenas tardes, me llamo Isaac y trabajo en Killer Lines, ¿podemos hablar?


La Gata Rosa era el burdel de moda donde se codeaban empresarios y políticos poderosos, quienes acordaban los tratos más turbios mientras chicas desnudas bebían champaña sentadas en sus regazos. Everardo Aispuro era uno de los pocos meseros, el staff masculino era casi en su totalidad de seguridad. Se acercó furtivamente a Verónica Miranda, una de las nuevas bailarinas en el lugar, ella le dijo al oído, al amparo de la estridente música:


-Están planeando la fiesta para el sábado, solo invitarán a miembros de la orden. Escuché que habrá un sacrificio y que estará presente el colombiano.


-¿Han conseguido el espejo de Cambuscán?


-Lo tienen los cazadores y por nuestro bien espero que lleguen a tiempo.


El DJ anunció la actuación estelar:


-Caballeros, ésta noche tenemos a una nueva chica para ustedes, desde los confines del mundo ha llegado ¡La Bruja de la Noche, recibámosla con un fuerte aplauso!


Verónica y Everardo se miraron, él asintió con la cabeza, ella se dio media vuelta y se dirigió al escenario entre los silbidos y gritos del público. El gerente caminó hacia Everardo y elevando la voz le indicó que volviera al bar.


Bryan e Isaac se adentraron en un maloliente callejón, al fondo había una puerta de acero, Bryan tocó cuatro veces. Rogelio abrió la puerta y con un ademán les indicó que entraran. Era una bodega vieja con paredes manchadas de moho e iluminadas por luces amarillentas. En una mesa de madera dos hombres rudos con aspecto de motociclistas jugaban a los naipes.


Uno de ellos arrojó las cartas sobre la mesa y se puso de pie de un salto mientras sacaba un enorme cuchillo de su bota.


-Me has hecho trampa, ¡te voy a cortar cabrón!


El otro hombre reía burlonamente mientras tomaba el dinero.


-Caballeros,- interrumpió Rogelio mirando hacia los recién llegados- les presento a mis asociados Jericó y Carlos, ellos nos ayudarán a acabar con el parásito.


Los motociclistas los miraron sin interés, el que estaba de pie hizo un ademán de saludo con el cuchillo, después lo guardó mientras tomaba asiento y reanudó la partida.


Continuará...

0 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo