Pesadilla Colectiva

Hola nuevamente queridos cofrades, hoy les traemos la conclusión del cuento Killer Lines de su nueva sección Pesadilla Colectiva. Esperamos que lo disfruten tanto como El Barrendero Fantasma -nuestro escritor invitado- disfrutó escribiéndolo. Les recordamos que habrá nuevas ediciones de éste ejercicio literario donde las víctimas, pueden ser ustedes. ¡¡¡Disfrútenlo!!!


Killer Lines (2° parte)


Rogelio les explicó que el parásito necesitaba cambiar de huésped cada cierto tiempo. Cuando había logrado sembrar la maldad absoluta en el huésped anterior. Para ello necesitaba que el nuevo anfitrión cometiera un acto de crueldad terrible por voluntad propia, era en ese momento que el insecto estelar estaba más vulnerable.


-Mi contacto trabaja como mesero en uno de los antros de Enríquez, ha estado sacando información de una de las chicas que tiene contacto con los peces gordos.


Les contó como el parásito crea un “estado mayor” compuesto de personas con tendencia a la iniquidad, luego siembra semillas en cada uno de ellos y cuando cree que uno es digno de convertirse en huésped principal, simplemente lo toma.


-Estuvo en Europa durante las grandes guerras, también en Latino América en los años sesentas, donde pisa solo queda el caos.


Bryan preguntó cuál era su plan para detenerlo, Carlos Lestat se puso de pie y caminó hacia un sillón donde yacía un objeto cubierto por una tela vieja.


-Señores,- dijo el tipo rudo –les presento el espejo de Cambuscán.


Los cazadores, como era conocida la pareja, viajaban por el mundo combatiendo a base de fuerza (y en caso necesario de magia) a los hijos del parásito. Trabajaban para una hermandad tan vieja como la humanidad dedicada a mantener el balance social. “Es como cazar a los lobos del bosque, no puedes matar a todos pues el equilibrio se rompería”. Explicó Jericó Rahab, quien estaba afilando su cuchillo.


El plan era complicado, un selecto grupo de allegados a Enríquez se reuniría en un penthouse para realizar un sacrificio, ellos se infiltrarían en el ritual ayudados por Everardo, todos tendrían que usar túnicas negras con capucha para confundirse entre los invitados, antes de que la víctima fuera sacrificada, Jericó mostraría el espejo a Enríquez, debilitándolo de esta manera.


-Este cacharro muestra tu verdadera imagen- explicó Carlos, -si eres bueno no tienes problemas, pero si eres malvado, tu naturaleza será reflejada en la superficie, el parásito no podría soportar su propia imagen caótica y en ese momento… ¡BANG!- dijo levantando una pistola.


-Pero ¿matar a Enríquez eliminará al monstruo?


-No, pero lo enviará a una dimensión tan lejana que no podrá regresar por cientos de años- remató Carlos. -El caos no se puede eliminar, solo se puede equilibrar, así tendremos paz por algún tiempo.


Everardo se encontraba preparando brebajes que le darían a las bailarinas para mantenerlas drogadas y que no dieran problemas, esto había sido indicación de Rick, por lo que informó a Verónica que fingiera beber pero que no tragara. Cuando estaba terminando la labor en el penthouse, uno de los guardias de Rick le dijo;


-El jefe quiere verte.


Era la media noche cuando el grupo compuesto por los 5 que intentaban destruir al monstruo llegaron al suntuoso edificio, la seguridad del lugar era extrema y guardias custodiaban todas las puertas. Ellos se dirigieron a la parte de atrás, donde Everardo había acordado esperarlos para abrir la puerta al filo de la media noche. El grupo llegó al punto de reunión y se pusieron sus túnicas, Rogelio miró su reloj, 12:02 AM, algo andaba mal.


En el último piso del edificio una congregación de encapuchados conversaba con buen animo, algunos sostenían el extremo de cadenas de las cuales tenían atadas a bailarinas que yacían sentadas y obedientes a causa de un potente sedante, tenían los ojos vendados y no parecían estar conscientes de su entorno.


Todos vestían túnicas negras, a excepción de los dos que estaban de pie sobre un templete donde había una mesa; sobre ella yacía un cuerpo cubierto en su totalidad por una sábana. Los dos de blanco tenían las capuchas puestas, uno de ellos era Daniel, quien comenzó a hablar:


-Compañeros, esta noche les presento a uno de nuestros colaboradores, quien ha hecho que nuestros negocios crezcan y hoy será ungido como miembro oficial de la orden.

Iván se quitó la capucha y todos aplaudieron, el jefe continuó;


-Killer Lines no sería lo que es, si no fuera por Iván. Hoy, el hará para nosotros lo que mejor sabe hacer- hubo risas generales.


–El sacrificio, no será una chica…- la congregación hizo ruidos de decepción –será un espía.


Dijo esto último quitando de un jalón la sábana y dejando al descubierto a Everardo, estaba atado de pies y manos a la mesa y amordazado. Miraba hacia la multitud con genuino terror en sus ojos.


La turba comenzó a dar gritos de júbilo, las chicas se retorcían encadenadas sin protestar demasiado. Daniel le entregó a Iván una daga. Iván titubeó un poco pero después comenzó a abrir en canal a Everardo, quien daba gritos ahogados de dolor y se retorcía hasta donde sus ataduras le permitían.


Unos encapuchados se acercaron con hieleras y durante algunos minutos, Iván con maestría carnicera, fue extrayendo uno por uno los órganos comenzando por el bazo, después el hígado. La concurrencia gritaba cuando él levantaba cada víscera como un trofeo, para luego colocarlo en las hieleras, mientras Everardo perdía la consciencia por un momento y la recobraba aullando de dolor al siguiente. Iván tomó unas pinzas de la mesa y cortó la caja torácica mostrando los pulmones y el corazón que se movían lentamente, con su último suspiro Everardo observó al verdugo sostener su corazón.


Carlos y Jericó se acercaron a un grupo de guardias en una de las entradas laterales y con sus cuchillos realizaron una carnicería comparable a la que sucedía en el último piso. El grupo entró, subió al ascensor, y al abrirse la puerta en el penthouse, los encapuchados gritaban histéricos.


-Hemos llegado tarde cicatriz- le dijo Jericó a Rogelio quien sostenía el espejo.


Opuestos a ellos se encontraba la mesa con el cuerpo hecho pedazos de Everardo, la túnica de Iván ya no era blanca. Isaac, arrebató el espejo de las manos de Rogelio y corrió entre la multitud hasta plantarse frente al altar, fue tan rápido que nadie se dio cuenta hasta que estaba delante del carnicero. Iván miró su reflejo y su cara comenzó a desencajarse, sus ojos parecían estarse derritiendo y se tocaba el rostro con las manos incrédulo. Salió corriendo empujando a los miembros de la orden y se dirigió hacia el balcón, de ahí saltó al vacío.


-Parece que tenemos compañía- dijo Daniel. Rick se puso delante de él cubriéndolo y comenzó a disparar hacia el grupo de invasores, Carlos y Jericó sacaron sus armas y comenzaron a repeler el ataque de Rick. El caos reinaba en el lugar, muchos de los encapuchados comenzaron a caer en el fuego cruzado, no había escapatoria.


Algunos de los encapuchados venían armados, el jefe de policía estaba entre ellos, sacó su escuadra y comenzó a disparar hacia el ascensor, pero fue alcanzado en la cara por una de las balas de Carlos. Cayó muerto a los pies de Bryan, quien no se extrañó que un personaje tan corrupto fuera parte de esa orgía perversa. Rogelio había recogido una ametralladora corta de los guardias que los cazadores mataron en el primer piso y también comenzó a disparar a todos los encapuchados. Jericó fue impactado en el pecho y se desplomó, Carlos logró acercarse al altar cubriéndose detrás de los cuerpos ensangrentados que estaban por el lugar, apuntó su arma y le atravesó la cabeza a Rick, la confusión había cedido, el silencio y el olor a pólvora reinaron en el lugar.


La túnica de Daniel estaba cubierta con sangre y sesos de Rick, pero él seguía de pie impávido. Carlos se acercó y doblándole el brazo lo hizo hincarse, los demás se aproximaron.


-Mátalo, ahora no es nada más que un triste criminal- dijo Rogelio.


Daniel soltó una carcajada que retumbó en el departamento.


-Oh, ¡qué gusto escuchar tu voz! Apuesto a que no te habías divertido tanto desde los Balcanes.


Un escalofrío recorrió la espina de Rogelio, él mismo vio a Iván saltar por la terraza. Pero se dio cuenta de que se había equivocado, el parásito seguía adentro de Daniel. De un jalón le arrancó la capucha, dándose cuenta de que se había sacado los ojos, sus cuencas estaban hinchadas y sanguinolentas.


-¿Creíste que me atraparías con tu vejestorio?- dijo Daniel sonriendo –Iván no era una persona digna de mis dones, tenía mucho amor por su familia, yo necesito un huésped sin ataduras, y lo he encontrado.


Se escuchó un ruido de tacones caminando hacia el elevador, los sobrevivientes voltearon y ahí estaba la bailarina, La Bruja de la Noche, ella había entregado a Everardo.


La cabeza de Daniel comenzó a inflarse como un globo hasta que la piel se volvió transparente y explotó manchándolos a todos de sangre, del agujero en su cuello algo comenzó a salir… era un insecto negro, brillante y delgado, con apéndices largos que se movían como látigos amenazantes. Instintivamente Carlos comenzó a disparar pero las balas apenas sacudían un poco al ente. De un extremo brotó una probóscide y emitió un sonido tan terrible que provocó una nausea en todos los sobrevivientes, la mayoría comenzaron a vomitar. El parásito salió disparado del flácido cuerpo de Daniel y con una velocidad antinatural cruzó la estancia sobre los cadáveres, saltó a la cara de Verónica, entrando por su boca, ocasionándole un espasmo. Al recobrarse esbozó una sonrisa y entró en el ascensor, Jericó malherido junto a la puerta la agarró con fuerza del tobillo, Verónica sin dejar de sonreír levantó su pie y con un pisotón hundió su tacón en el oído del cazador. La puerta se cerró tras ella.


El grupo corrió hacia el ascensor, Bryan oprimía frenético los botones pero era inútil, la corriente había sido desconectada.


Se dirigieron a la puerta de las escaleras y por más que la golpearon no cedió. Todos hablaban al unisonó haciendo sugerencias y reclamándose mutuamente cuando Rogelio pidió silencio. Un bip eléctrico se escuchaba en la habitación, siguiendo la fuente del sonido se dirigieron hacia un piano, al levantar la tapa se dieron cuenta de que había un cronómetro indicando 4, 3, 2…


Varios meses después en el café de una ciudad cercana, un hombre sostenía el periódico, en la primera plana la noticia principal informaba que la Señorita Verónica Miranda se había registrado como candidata al partido conservador por la alcaldía.


Una mesera se acercó y le ofreció rellenar su taza. El hombre bajó el diario dejando ver su cara cubierta por las cicatrices de una terrible quemadura, la chica le lanzó la inconfundible mirada incómoda que la gente reserva para los discapacitados.


-Solo la cuenta por favor- contestó el hombre.


-Usted es nuevo aquí ¿verdad?- inquirió la mesera.


-Así es.


-Es un espejo muy bonito-. Comentó la chica señalando a una maleta de la cual asomaba la maltratada antigüedad, el hombre sonrió.


-¿Y que lo trae a la ciudad?


-Soy periodista político.


-Suena como algo poco interesante- dijo la chica sonriendo apenada.


-Tiene usted razón- dijo Bryan. Pagó su cuenta, tomó su maleta y salió por la puerta hacia la noche, miró al cielo y pensó en las cosas terribles que se escondían detrás de esas estrellas, pero el aún tenía un trabajo que terminar.


*El barrenderofantasma*


Para leer la primera parte, da click aquí.

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