Pesadilla Colectiva

LA PLAGA


Después de varias horas sentado, su espalda se encontraba entumecida. Apoyar los antebrazos sobre la mesa aminoraba un poco el malestar, aunque las heridas en los brazos, que asemejaban quemaduras por fricción de cuerdas, no le permitían mantener esa posición por largo rato. La puerta se abrió de golpe y un militar entró mirándolo con recelo, hizo un gesto hacia el pasillo y tres hombres ingresaron a la estancia. El militar sostuvo la puerta y cuando hubieron pasado la cerró tras de sí colocándose en posición de descanso cerca de la entrada mirando hacia la nada. Los tres hombres se sentaron frente a Henry. Uno de ellos llevaba un uniforme de la marina armada, los otros portaban batas de laboratorio. El marino habló:


-Soy el capitán Humberto Lobo- dijo al tiempo que colocaba un dispositivo de grabación de voz sobre la mesa, Henry observó la lucecita roja titilante indicando que estaba grabando –Necesitamos que nos explique de nueva cuenta lo que sucedió en su barco.

Henry se talló los ojos con desgana, había contado su versión de los hechos una docena de veces desde que lo rescataron en medio del mar, miró directo a los ojos del capitán, que a la luz de la potente lámpara de techo destellaban un tono verde maligno, casi como si brillaran.


-Ya se los he contado un montón de veces-. Dijo Henry elevando la voz y golpeando con desesperación la mesa, el capitán Lobo le arrojó una mirada cetrina y con calma le dijo:


-¡No vuelva a hablarme en ese tono! Comprendo que usted está cansado y pronto lo dejaremos reposar, ahora cuénteme todo señor Vicente-. Henry se enderezó en su silla y dijo con voz calma:


-Puede llamarme Henry.


-Prefiero llamarlo señor Vicente. ¿Qué era exactamente lo que hacía en el mar sin compañía alguna?


-Bueno ya sabe, soy algo así como Ishmael, no me sentía bien en el mundo, necesitaba escapar, estar solo y bueno… creo que el mar es el mejor lugar para estar solo.


El capitán lo miró confundido -¿Quién es Ishmael?

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