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Viernes de película: "Dark Waters"



Para quienes nacimos en las décadas de los 1970s y 1980s, el fin de semana empezaba al anochecer del viernes, cuando desde los inicios del betamax hasta la llegada del DVD, pasábamos al video club para rentar dos o tres películas del amplio catálogo de cintas, y programarnos para verlas, rebobinarlas y entregarlas el lunes para no pagar multas.

Revisando el servicio de streaming amarillo con morado, encontré “Dark Waters”, película de 1993 opera prima del director italiano Mariano Baino, filmada en Ucrania y producida por el ruso Viktor Zuev; protagonizada por Louise Salter, Venera Simmons y Mariya Kapnist, esta película es un tardío “Nunxplotation” donde el horror cristiano se mezcla de forma curiosa con el paganismo lovecraftiano, aprovechando la oportunidad de filmar las playas del Mar Negro.

Al igual que en la reseña de la semana pasada, aquí veremos un sello santo que al ser roto puede liberar horrores infernales y a modo de prólogo vemos varias secuencias donde el director aprovecha muy bien el alto contraste, para introducirnos en un ambiente donde la dualidad “bien/mal” está presente alrededor de las innumerables cruces cristianas que salpican la pantalla. La furia del agua, en la forma de una inundación presagia lo que ocurrirá después. La historia comienza con la llegada de Elizabeth, una joven londinense que al morir su padre, regresa al convento isleño de monjas donde nació, y cuya rectora es una Madre Superiora ciega. Pero no es hacer rompope a lo que estas madrecitas se dedican: en las catacumbas del convento, además de flagelarse entre escurrimientos de agua subterráneos alumbradas por veladoras, realizan sacrificios humanos y pintan visiones apocalípticas en la mejor tradición de Juan en la isla de Patmos. Después de una azarosa travesía en barco esa noche tormentosa, Elizabeth desembarca en la isla, donde la recibe la Hermana Sarah, con quien ha mantenido correspondencia, y quien será desde ahora su guía. Mientras resida en el convento, Elizabeth tendrá acceso a sus instalaciones, pero también deberá ceñirse a sus reglas, por lo que su llamativa ropa e impermeable rojo, así como dinero y cigarros, dejarán de pertenecerle, en una especie de rito de pasaje que hace retroceder en el tiempo a una moderna mujer británica, hacia la Edad Media.

En una época donde la descompresión del cine digital requiere una disminución en la calidad del color, y en que los efectos digitales de bajo presupuesto hacen que todo parezca mal dibujado en nuestras pantallas HD, es agradable apreciar el peso de las olas, los muros de roca, los hábitos de lana y las velas que se derriten en tiempo real. La mayor virtud de esta cinta, que no deja ser una suerte de Serie B noventera, es que todo está ahí delante de la cámara, y el trabajo de maquillaje de efectos especiales, nos lleva de nuevo a la era dorada del látex, justo antes de que el CGI se convirtiera en canon.



 
 
 

1 comentario


Abraham Martinez
Abraham Martinez
hace 5 días
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