Wraith, welcome to Christmasland

La primera vez que oí hablar de Charlie Manx, fue cuando estaba leyendo Doctor Sleep. Mientras me aclimataba a la idea de un aún pequeño Danny Torrance viviendo con el horror de haber sobrevivido al Hotel Overlook, acompañando a su madre, enferma y cansada tanto física como mentalmente, el Rey de Maine considero una buena idea que Dick Halloran tuviera un Abuelo Negro, en oposición a su Abuela Blanca. Y Andy Halloran, el Abuelo Negro, amenazaba al pequeño Dick Halloran con llamar a Charlie Manx para que se lo llevara.


La útlima vez que oí hablar sobre Charlie Manx (de hecho, primera vez que lo vi) fue en la novela gráfica Wraith, welcome to Christmasland. Esta novela gráfica nos habla de los orígenes del Señor de Christmasland, y de una ocasión en que el personaje se encontró con unos reos y unos guardias de prisión en 1989.


Los orígenes de Charlie Manx aparecen en el primer tomo, donde una pequeña niña que hace su viaje a Christmasland por primera vez es calmada por el mismo conductor del Rolls Royce con placas NOS4A2, contándole la historia de como aprendió a “viajar” y como cometió sus primeros crímenes, sin siquiera recordarlos. Nos habla también de como Charlie tenía una vida normal, que fue arruinada por sus traumas de la infancia y por un golpe de mala suerte, que lo condeno de una vida fácil y acomodada, a una vida de trabajo largo y extenuante, para el y para su familia.


Cuando leí NOS4A2 recuerdo que no estuve muy impresionado con la dupla de villanos, pero en esta ocasión, al ver la sonrisa absurda de Charlie Manx y su traje de chófer de antaño, es un poco mas fácil comprender como es que el personaje funciona en un mundo donde su imagen tétrica es contrastada por el blanco de la Navidad, y el dato ya conocido de que sus primeras “niñas” fueron sus propias hijas.

Pero su trasfondo, aunque un poco forzado, funciona perfectamente y lo convierte en un personaje mas vivo, y mas cruel.


Por otro lado, la novela en si, consta de un trío de reos, uno acusado de abusar de una menor, uno que utiliza sus habilidades como “geek” (fenómeno de circo con la habilidad de comerse cabezas de animales vivos) y nuestro protagonista, un hombre que poco a poco nos muestra un pasado que lo pone en la luz de un padre trágicamente heroico. Los reos, junto con 2 guardias que los llevaban en una van del estado a una prisión, sufren un percance ocasionado por el “geek” y terminan recibiendo la ayuda de Charlie Manx, quien también presta sus servicios en el mundo del crimen para “desaparecer” ciertos elementos indeseables o cabos sueltos en algún golpe criminal.


La luz del personaje aquí es mas confusa. Charlie Manx tiene un código moral similar al de algunos anti-héroes, pero por supuesto, con un fondo mas radical. El Señor Manx detesta a los abusadores de menores, y nos reitera que “El infierno no es lo suficientemente caliente para ese tipo de personas… pero en este caso, tendrá que ser suficiente”. Sus maquinaciones y la incuestionable lealtad de sus pequeños “niños” es un tema interesante, y uno se pregunta si el Señor Manx no tendrá razón: Dudo que algún niño haya sido mas feliz con sus padres que en Christmasland. Ese no es un sentimiento que me haya provocado la novela, pero en Wraith, welcome to Christmasland, es un tema muy claro. Charlie podría tener al menos un buen punto: No parece estar mintiendo.

Lo que en realidad es una sorpresa es la dinámica entre nuestro legalmente emproblemado protagonista y la guardia de sesenta y tantos años. Casi podía escuchar sus diálogos.


Los dibujos de C. P. Wilson III no son malos, pero son muy poco creíbles. Al principio no podía soportarlos, pero una vez que los “niños” y Charlie Manx ocuparon su forma en Christmasland, todo tiene sentido. Los dibujos están diseñados para soportar los horrores de la Tierra creada por Manx, no para realzar el realismo de los personajes secundarios.


En general, Joe Hill no decepciono con esta entrega, aunque aún pienso que lo mejor esta por venir. Su trabajo, aunque increíblemente bueno, aun se me antoja un poco ligero, como si no le pusiera atención.


Pero al menos en esta historia, es claro por que. Joe la definió como un ejercicio, como el hacer esa película de horror de los ochentas que todos los escritores de horror desde entonces tienen que hacer al menos una vez. Y que bueno que lo hizo en un medio visual.

Una novela de Wraith, welcome to Christmasland no hubiera sido tan entretenida.


Por: Javo Monzón

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