La Casa en el Confín: Consideraciones en torno al Horror Cósmico

II. Psicoanálisis del Mito


Al decir que existe un aspecto casi psicoanalítico en la obra de H.P.L. es necesario considerar los siguientes factores:


Primero, en torno al psicoanálisis y el miedo en general, en su ponencia titulada “El Miedo a lo Inconsciente” la Dra. Rebeca Retamales nos dice que Freud coloca un acento sobre la potencia oculta del inconsciente, considerándolo una parte esencial del psiquismo, siendo necesario para ello el descifrar fantasmas, símbolos, sueños y síntomas clínicos. Lovecraft es tajante en su opinión frente al tema, como bien podemos ver en la introducción a su relato “Más Allá del Muro del Sueño”:


“Con frecuencia me he preguntado si el común de los mortales se habrá parado alguna vez a considerar la enorme importancia de algunos sueños, así como a pensar acerca del oscuro mundo al que pertenecen. Aunque la mayoría de nuestras visiones nocturnas resultan quizá poco mas que débiles y fantásticos reflejos de nuestras experiencias de vigilia -a pesar de Freud y su pueril simbolismo […]”


S. T. Joshi expande en su Edición Anotada:


“H.P.L. Siempre mantuvo cierto desdén ante las teorías psicológicas de Sigmund Freud, pese a que sí reconocía su revolucionaria importancia cultural.”

Segundo, pese a que tales afirmaciones invitan a pensar en un desdén generalizado por el psicoanálisis, podemos leer a continuación en el párrafo citado de “Más Allá del Muro del Sueño”:


“[…] existen no obstante, algunos sueños cuyo carácter etéreo y no-mundano impide una interpretación más ordinaria, y cuyos efectos vagamente excitantes e inquietantes sugieren posibles ojeadas fugaces a una esfera de existencia mental no menos importante que la vida física, aunque separada de esta por una barrera infranqueable.”

Estas palabras remiten a una serie de ideas en línea con el pensamiento de Carl Gustav Jung, como se verá más adelante. Es el propio H. P. L. quien nos ayuda a mediar entre estos enfoques y nos aproxima a su pensamiento al respecto por medio del ensayista ingles Charles Lamb quien, en 1821, solo 3 años después de que el Frankenstein de Shelley viera la luz por primera vez, publica dentro de sus “Ensayos de Elia” una pieza titulada “Sobre Brujas y Otros Terrores Nocturnos”, de la cual Lovecraft cita el siguiente fragmento como un epígrafe relevante al inicio de “El Horror de Dunwich”:


"Gorgonas, Hidras y Quimeras -las aterradoras historias de Celen y las Harpías- pueden reproducirse en el cerebro de la superstición, pero ya estaban ahí desde antes. Son transcripciones, modelos, cuyos arquetipos están entre nosotros y son eternos ¿De qué otra manera estas narraciones, que con todos los sentidos despiertos sabemos perfectamente son falsas podrían afectarnos tanto? ¿Sera qué concebimos naturalmente el terror de tales entes en tanto que pueden infligirnos daño físico? ¡No, ni mucho menos! Estos terrores están ahí de antiguo. Se remontan a antes de que existiese el cuerpo humano [...] Que el tipo de miedo que se trata aquí sea puramente espiritual -cuyo poder es proporcional a su inexistencia- y que predomine en el periodo de nuestra más tierna infancia, plantea problemas cuya solución podría aportarnos una idea a nuestra condición previa a nuestra llegada al mundo o cuando menos un vistazo a la sombría tierra de la preexistencia."


Es posible por un lado comparar el fragmento de Lamb al siguiente de Jung, el cual puede incluso sonar como una reformulación más apegada quizá a la Academia, dados los diversos elementos que menciona:


“La situación conflictiva, el callejón sin salida del que surge el <<niño>> como tertium irracional, es naturalmente una fórmula que sólo corresponde a un estadio psicológico, es decir, al estadio moderno del desarrollo. A la vida anímica del hombre primitivo no es aplicable sin más, ya solo por el hecho de que la amplitud de la consciencia infantil del hombre primitivo excluye un universo entero de posibles vivencias psíquicas. El conflicto moral moderno, en la fase natural del hombre primitivo, todavía es una situación de emergencia objetiva que puede constituir un peligro de muerte. Por eso, no pocas figuras infantiles son <<Portadoras de Cultura>> y, debido a ello, quedan identificadas como factores culturales útiles, como el fuego, el metal, el trigo, el maíz, etc. Como iluminadores, es decir, como acrecentadores de la consciencia, vencen a la oscuridad, o sea, al estado anterior inconsciente […]”

Desde este punto seria notoria cierta disparidad de opinión al catalogar una teoría como menos valida que la otra (disparidad causada más bien por cuestiones temporales y cronológicas). En la obra de Lamb se irán haciendo evidentes más similitudes a la medida que se desarrolla el texto.


En este ensayo, nos habla también sobre el cómo no es posible que una generación como la suya pudiera entender del todo a sus propios antepasados, con el temor (fundado o no) de la presencia de brujas y otras supersticiones. No desestima estas creencias como "supersticiones de viejas", al igual que H. P. L. entiende que hay cierto conocimiento en estos relatos antiguos. La inclusión de este extracto en un título de los Mitos nos invita a coquetear con la idea de la continua interferencia de estos terrores arcanos, que depredan y preceden siquiera a nuestra constitución como sociedad, y seguramente, como raza.


Es a partir de este texto que podemos comprender mucho del pensamiento supersticioso al que se relacionan estos temores, y a su vez, a la carencia de conocimientos y avances en las generaciones pasadas. Jung más tarde llamaría a un conjunto similar de ideas "Horrores Heredados", ideas que Lovecraft sabría plasmar muy bien en su obra. Es necesario entonces el preguntarse a raíz de que punto se da la aparente incongruencia en las opiniones del autor en torno al psicoanálisis.



Autores posteriores del Legado como Fritz Leiber no dudaran en relacionar múltiples aspectos de la obra lovecraftiana de manera abierta a temas jungianos, tal y como es apreciable en “El Terror de las Profundidades”:


“Y más aún, ¿cómo, en nombre de cuanto hay de maravilloso, podía él describir los colores extramundanos que yo había soñado y jamás trasladado a un poema? ¡Y utilizaba exactamente los mismos términos que yo para describirlos! Comencé a pensar que el proyecto de investigación interdisciplinar de la Miskatonic había hecho sin duda descubrimientos trascendentales de los sueños y la actividad onírica e imaginativa humana en general, suficientes para convertir a sus eruditos en brujos y confundir a Adler, a Freud e incluso a Jung.”

Este párrafo muestra la importancia que Lieber concede al psicoanálisis en la obra de Lovecraft. Siendo escrita entre 1973 y 75, pero publicada hasta el año siguiente, el personaje principal nos dice que -había descubierto recientemente a Jung- lo cual, dadas las fechas de escritura y publicación no debe sorprendernos, ya que la primera edición de “Los Arquetipos y el Inconsciente Colectivo” no fue publicada en la forma en la que la conocemos hasta 1969 (Editada por la Princeton University Press).



Lo cual cobra importancia al considerar que estos textos fueron compilados entre 1933 y 1954, siendo imposible que fueran del conocimiento de Lovecraft durante los periodos en los que escribió La Llamada de Cthulhu y El Horror de Dunwich (de ahí la disparidad cronológica mencionada). Si bien existen ciertas partes en "Las Ratas en las Paredes", escrito en 1923, pero no publicado hasta el año siguiente, en el cual diversos elementos de la descripción (la arquitectura, el descenso por las escaleras, los artículos y su índole, la nueva arquitectura romana encontrada, por ejemplo) se corresponden con elementos de la descripción de la "casa" de Jung a Freud, que si bien ocurrió en 1909 no sería tan conocida hasta 1925, un año después de publicado el relato en cuestión, siendo posible catalogar este hecho como una coincidencia, o si se posee una mente más incisiva puede interpretarse como una muestra tanto de las teorías de Lamb como de Jung de forma aplicada..


Sea de la forma en que sea, podemos entender que pese a que autores posteriores no dudaran en ligar la obra de H. P. L. al psicoanálisis y más específicamente a la obra jungiana, aunque durante su época, Lovecraft mostrara un desinterés generalizado por tales teorías.


Por último, es necesario considerar que, para Jung, el Inconsciente Colectivo no se basa en experiencia personal, sino en una "Psique Objetiva", la cual es heredada. De igual forma que un niño puede temerle a una serpiente o una araña pese a nunca haber visto una, al grado de paralizarse; o uno puede tenerle miedo al fuego por la asociación al daño pese a nunca haberse quemado, de manera similar en los relatos de los Mitos es frecuente encontrar situaciones en donde un personaje se enfrenta a un ente o potencia desconocida, un peligro vagamente referido que, sin embargo, lo paraliza. O, en el espíritu de una tradición bien estudiada por Lovecraft, el encuentro con la contradicción y la paradoja (que es aquello que la psique objetiva no puede resistir), es explicado por Thomas Ligotti en “La Conspiración en Contra de la Raza Humana” de la siguiente forma:


“Más intrigantes son aquellas paradojas que torturan nuestra noción de la realidad. En la literatura de horror sobrenatural, una línea familiar es aquella en la que un personaje se encuentra con una paradoja <<encarnada>>, por decirlo de una forma, y deben ya sea apartarse o colapsar en horror ante tal perversión ontológica- algo que no debería ser y sin embargo, es.”

El encuentro con un miedo ancestral, con una perversión ontológica o con algo proveniente de -en palabras de Lamb- la sombría tierra de la preexistencia y su mera insinuación se volverán suficientes para causar miedo, entre otra gama de emociones pertinentes al encuentro con lo desconocido. No será en vano que Lovecraft nos recuerde:


"El sentimiento más profundo y más antiguo de la humanidad es el miedo, y el miedo más antiguo y más profundo, es el miedo a lo desconocido."

Esta constituya quizá la cita más conocida de la no-ficción de H.P.L., sin embargo, esta continúa:


“Pocos psicólogos pondrán en duda este hecho, lo cual debe garantizar para siempre la legitimidad del relato fantástico y de horror como género literario.”

Dando muestra de la importancia que el propio Lovecraft concedía a esta disciplina en relación al desarrollo de la narrativa.


Teniendo en cuenta las afirmaciones tanto de Lamb como de Jung, no se necesita demasiado para comenzar a ligar las ideas de miedos y horrores primigenios comprendidos dentro del inconsciente colectivo con la de los ya mencionados "Horrores Heredados" encarnados en una manifestación física que tan a menudo podemos encontrar en el relato de ficción extraña.


La manifestación deja de ser únicamente espiritual y los miedos pasan a adquirir una corporeidad que además de todo es anormal, corrupta y malsana, hecho que estará presente tanto en “La Casa en el Confín de la Tierra” como en los dos relatos de los Mitos que pretendo analizar: “El Horror de Dunwich” y “La llamada de Cthulhu” (además de en muchos otros relatos de los Mythos y el cosmicismo en general). Estos elementos son visibles en el primer caso, durante el encuentro del Recluso con lo que llamaremos "la Otredad" aquello que es ajeno, durante el primer viaje a “La Otra Casa”, punto de enfoque para este texto.



Continuará...


Puedes leer la primera parte aquí.



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